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sábado, 15 de abril de 2017

Oasis: Definitely Maybe


Disco: Definitely Maybe
Grupo: Oasis
Integrantes: Noel Gallagher (composición, primera guitara, coros, piano); Liam Gallagher (voz, pandereta), Paul Arthurs (segunda guitarra, piano), Paul McGuigan (bajo), Tony McCarroll (batería)
Estilo: rock, Brit-pop, rock alternativo.
Año: 1994
Duración: 52:03


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Aunque ya cueste un poco recordarlo, hubo un tiempo en que a Liam Gallagher aún le sabían los cigarros, esos mismos que, una noche cualquiera, le robaron la voz de los 90. Oasis iban a triunfar, estaba claro, lo habían decidido ellos mismos: si no les dejabas tocar, te quemaban el local o al menos amenazaban con hacerlo.

A Alan McGee este arrojo juvenil le pareció bien y decidió ficharles: más pronto que tarde llegaría a sus manos Definitely Maybe, un disco tan brillante, directo y único, todo a la vez y para todos, que lo difícil sería que no tuviera éxito. Como chutar a puerta vacía, el balón en tus pies y el portero salió a por uvas.

Los Gallagher son dos hermanos de clase obrera que se llevan regular, y antes de caer en picado nos trajeron discos que los encumbrarían a dioses e ídolos; tremendo sprint para luego vivir del rebufo. Liam, el pequeño, siendo un crío no se separaba de su madre, luego se convirtió en un macarrilla ladrón de bicicletas nivel C-2, además de pensar que todos los que escuchaban música eran unos buenos pardillos.

Pero un fatídico día hace ya un par de décadas, en un concierto de los Stone Roses, le pegó fuerte la maría. Y como el grupo mencionado tardaba demasiado en sacar su segundo disco, Liam se cansó de esperar y decidió hacerlo él mismo. Quizás se truncaron algunos de sus planes cuando se acercó al grupo su hermano mayor, Noel, con el pretexto de tener un puñado de buenas canciones bajo la manga.

 
Hay videoclips y videoclips.
 
Y vaya si eran buenas. El disco fue decisivo a la hora de devolver a las islas la capitalidad de la música occidental. Atrás se quedaron los mejores años del grunge, chiste que perdió la gracia con su primer mártir.

Ahora venía un movimiento vitalista, cuyos principales estandartes no eran precisamente hermanitas de la caridad. Liam, en efecto, nunca dejó de ser el hoolligan del Manchester City que expulsaron a los 39 años del Santiago Bernabéu, por su manera particularmente "efusiva" de celebrar un gol. Los tres que marcó después el Madrid los celebró en su casa.

Ese salvajismo, la espontaneidad, lo mismo que ayudó al grupo a alcanzar la fama, contribuyó también a su destrucción; al no encontrar un equilibrio entre quien traía el carisma y el espíritu pero artísticamente era plano (en sus propias palabras "Yo me limito a salir ahí y molar un huevo"); y quien, tras una apariencia más sosa y cerrada, era el grupo. Esta dualidad, mientras funcionó, fue mágica.

Gracias al trabajo de Noel se lucía Liam, que a pesar de no haber compuesto gran cosa pedía protagonismo a gritos, alargando las vocales: "suunshiiiiiiiinee". Separados nunca habrían llegado tan lejos, pero sus posturas eran irreconciliables.

Recordemos a Noel Gallagher en el concierto acústico para la Mtv, abandonado por su hermano que está en el palco con su novia, bebiendo, fumando y gritándole que canta como una mierda; en esa época cuando aún estaban en las primeras páginas de los periódicos y podían meterse con Radiohead sin quedar mal en absoluto.


 
Esta vez estaban los dos.

La primera canción del debut en cuestión no se llamaba "Looser" o "I´m Trying", sino "Rock and Roll Star". No es el mejor tema pero como entrada está cojonuda, transmite la energía, ese emocionante torbellino juvenil que fueron Oasis y se los llevó por delante.

 En cualquier caso, la letra no versa sobre la prepotencia de creerse una figura, sino del poder que tiene cualquier músico, aunque realmente anónimo, al subirse a un escenario: "You are not down with who I am/ Look at you now, you´are all in my hands tonight". 

Luego llega Shakermaker, bastante relajada y de buen rollito, y luego Live Forever, para mucha gente la mejor canción que han compuesto nunca. Yo tengo mis propias subjetividades, pero probablemente sea la más bella, recuerdo escucharla en mis años previos a este ahora y sentir que sentía demasiado.

La siguiente en pasar es Columbia, psicodélica, arriesgada, valiente. Y Supersonic, es decir, Liam sonriendo y corriendo de puntillas en una azotea mientras pasan los aviones. Su gran momento. La segunda parte del álbum no es tan buena, se echan en falta "Wonderwall" o "Morning Glory". Pero eso ya para el siguiente.

A menudo se acusa a Oasis de haber sido sobrevalorados en su época. Sea cierto o no, sus primeros discos siguen sonando igual de bien veinte años después, cuando devolvieron a miles de personas no sólo las ganas de vivir, sino de coger una guitarra y ser único. Ambas cosas, de repente, parecían fáciles.


Rock and Roll Star:8,9
Shakermaker: 8,2
Live Forever: 9,5
Up In the Sky: 8,8
Columbia: 9,2
Supersonic: 9,6
Bring it Down: 8,8
Cigarettes and alcohol: 8,9
Digsy´s Dinner: 7
Slide Away: 8,1
Married With Children: 8,2

NOTA:  9,2
Más discos
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miércoles, 1 de febrero de 2017

Fu Manchu: California Crossing

Disco
Grupo: Fu Manchu
Estilo: Hard rock, stoner rock
Duración: 39:19
Año: 2.002

No todos los días vamos a estar románticos, o sentirnos más profundos que la Fosa de las Marianas (11 km bajo las olas), y tomárnoslos todo a la tremenda. Porque hay mañanas, tardes y noches de carretera en descapotable, playas californianas, bikinis, tablas de surf y discos como éste, directos al grano:"that guitar is so crispy you can pour milk on it and have it for breakfast" comenta un usuario al vídeo del disco en You Tube. 

No sobra un minuto, las canciones no tienen introducción ni se han compuesto transiciones crípticas/ filosóficas entre temas. Puro rock and roll. No todos los días son fiesta pero éste sí. Un canto a la banalidad más divertida, y al instrumento de 22/24 trastes en particular. Toma, tu pastilla efervescente de las diez y media.



En una buena me he metido al comentar un disco de Fu Manchu. Ahora debería comentarlos todos, porque  no hay ninguno que no sea una orgía stoner rock de baterías peleonas, guitarras chispeando como yunque de herrero y Scot Hill, el "frontman", hablando/ leyendo/ cantando/ a grito pelado.

Un disco sin mucha historia (a veces no la necesitamos), perfecto para poner en el lector de Cd´s del coche al salir del trabajo, después de un día especialmente coñazo. Preparad las palomitas, aquí hay más acción que en Fast and Furious 7. Sí, al final se desinfla un poco... pero ya habrán cumplido su función. California Crossing nunca cae en el aburrimiento, exprime una fórmula a priori reducida en todas direcciones y nosotros saltamos. Buen rollito para el verano que se acerca a lo lejos. En marcha.



Separate Kingdom: 7,5
Hand On: 7,7
Mongoose 7,8
Think` Out Loud: 8,2
California Crossing: 7,5
Wiz Kid: 8
Squash That Fly: 7,7
Ampn: 8,1
Bultaco: 7,1
Downtown in Dogtown: 7
The Wasteoid: 7
NOTA: 7,5

sábado, 21 de enero de 2017

The Jesus and Mary Chain: Darklands


Disco
Grupo: The Jesus and Mary Chain
Estilo: pop, rock
Duración: 36:08

He establecido para este blog una ley no escrita sobre no comentar dos discos de un mismo grupo -al menos hasta que no haya hablado de "todos" los grupos-, pero es que el segundo LP de The Jesus and Mary Chain es tan distinto de su debut, Psychocandy, comentado aquí hace un año y un mes, que bien merece entrada aparte.

Volveré a introducir a la formación, don´t worry. "Los Jesus" son básicamente dos hermanos británicos que se llevan a matar (sí, como Oasis, pero una década antes), y construyeron rápidamente una leyenda entre la escena independiente, al dar conciertos de quince minutos que acababan en disturbios y sacar singles como éste, que envenenarían emocionalmente a un monje budista:



Y ojo, hay temas mucho más bestias o que incluso nos pueden dar algún sustillo, como Jesus Fuck. De todos modos, aunque era difícil de ver bajo los alambres de espino, en realidad The Jesus and Mary Chain siempre fueron unos genios componiendo canciones pop, incluso Psychocandy, bajo su forma de rata mutante medio muerta teniendo convulsiones, en el fondo era un disco pop. Aclaración: uno que espantaría a cualquiera antes de darse cuenta de ello.

De un grupo como Radiohead se suele valorar que después de entregar la obra perfecta o casi que fue Ok Computer, en lugar de repetir ese éxito buscaran nuevos caminos en Kid A y toda su obra posterior. A los hermanos Reid, artífices principales de JYMC, les ocurrió algo similar, aunque en este caso no esté seguro de si porque no quisieron o porque aún intentándolo fueron incapaces de repetirlo. En cualquier caso, Psychocandy es un disco como el que no existe otro igual en la historia de la música, y eso debe valorarse; pero el que os traigo hoy tiene también un gran mérito, porque después de mostrarse tan disruptivos e inaccesibles confeccionaron una obra maestra "para toda la familia", a pesar de que su nombre, portada y precedentes puedan asustar. He aquí la prueba:
Segundo single de Darklands: aún no se habían cortado el pelo, ya habían recortado la distorsión

Darklands es simple: canciones que hablan de amor y del tiempo que hace, días lluviosos sobre la "Pérfida Albión", golosinas que ahora ya saboreas al primer bocado. En general, pienso que el secreto de la felicidad es la mesura. Pues este disco, aunque tenga reminiscencias del estilo asesino anterior (Fall), transmite de forma bastante uniforme una tristeza dulce/ felicidad suave, como planear a cinco centímetros de las baldosas, es el disco perfecto para curar una depresión de caballo (o de persona).

No sé si me explico: diez cápsulas de tristeza para alegres o felicidad para tristes. Un equilibrio sutil y mágico. Si en su debut las canciones más destacables eran las cañeras, aquí lo son esas gemas como Happy When It Rains o Nine Million Rainy Days, que con unos cuantos elementos comunes, una pureza compositiva brutal y un par de punteos de guitarra consiguen sacarte una -tenue, leve, relajada- sonrisa. Dura poco más de media hora, pero queda todo dicho. Y para terminar relajados el viaje, una acústica que entra mejor que una tapa de tortilla. Una decena de temas que no dan vueltas de campana, no son perfectas porque sus oyentes tampoco lo somos (y se agradece), música terrenal, pegada a la tierra, pero no por ello frívola.

Sí, prefiero Psychocandy, pero en un intento de objetividad a través de mi mente subjetiva os aviso de que los cuerdos suelen elegir Darklands. Por algo será.

Y "bicheando" por la red mientras confecciono esta entrada, descubro que dieciocho años después este grupo prepara nuevo disco, Damage and Joy, para este marzo. Si alguien comenta al respecto y me convence, lo reseño cuando salga. Y mientras, los Stone Roses haciéndonos esperar -y sin noticias- desde los dos singles del verano pasado...

Darklands (canción): 9,2
Deep One Perfect Morning: 9
Happy When It Rains: 9,3
Down on Me: 9
Nine Million Rainy Days: 9,3
April Skies: 9,1
Fall: 9
Cherry Came Too: 9
On the Wall: 8,2
About You: 8,7
NOTA: 9,10

sábado, 8 de octubre de 2016

Discografía de My Bloody Valentine; PARTE 1: 5 primeros EP´s (1985-1987)




Hay grupos que, por lo breve pero decisivo de su trayectoria, se prestan a la revisión de su obra completa. Comienzo la sección "Discografías" con los irlandeses My Bloody Valentine. Han tenido varias formaciones a lo largo del tiempo pero construyeron la mayor parte de su historia, y casi todos sus logros, después de unirse Bilinda Butcher (guitarra rítmica, voz) y Debbie Googe (bajo) a Kevin Shields (guitarra principal, voz) y Colm Ó Cíosóig (batería). Juntos, se convirtieron en referentes, si es que no también creadores, de un subgénero que los medios musicales del momento decidieron llamar shoegazing; al ocupar sus miradas numerosos pedales de efectos -en el suelo del escenario-, construyendo gracias a ellos atmósferas y canciones que marcarían una época, aunque sólo fuera para la vertiente más escondida de la música popular contemporánea. Pero antes de esto tuvieron que encontrarse a sí mismos, y de dicha búsqueda hablaremos en esta primera entrada.



This is Your Bloody Valentine (1985)

Forever & Again: 6
Homelovin´Guy: 6,25
Don´t Cramp My Style: 5
Tiger in My Tank: 6,5
The Love Gang: 4,75
Inferno:5
Duración: 21:13
Nota:5


 Su primer intento es un EP de siete canciones sin éxito en su momento y vilipendiado hoy día, incluso por ellos mismos. En realidad no es tan malo -dentro de lo malo-, aunque pueda sorprender que quienes acabarían marcando el rumbo comenzasen siguiendo cánones ya aborrecidos, con un post-rock gótico sin contemplaciones: Kevin Shields ya estaba ahí -esto se grabó en casa de sus padres-, aunque puede que su genio todavía no. Siempre hay detalles para quien quiera verlos, como el pequeño solo de Homelovin´Guy, pero es obvio que algunas canciones flojean ya a las primeras escuchas, pesadas, insulsas. Otras tienen su punto, sin ver tampoco ninguna maravilla en los 21 minutos que dura. Suenan compactos pero limitados; y a partir de los 3 minutos los temas se les hacen largos. Poco por encima del nivel de esas películas que "se dejan ver".  Colm Ó Cíosóig ya acompañaba a Kevin aquí, y seguirá hasta el final. Completaban Tina Durkin al teclado y David Conway como voz principal.

Geek! (1985)

No Place to Go: 7
Moonlight: 5,5
Love Machine: 6,75
The Sandman Never Sleeps:4,75
Duración: 12:37
Nota:5,7

Parece que en su momento no les disgustó tanto el resultado, porque ese mismo año se volvieron a reunir y, todo se ha dicho, la mejoría queda patente. Siguen siendo un cóctel más o menos acertado de referencias (Iggy Pop, The Doors, The Cramps) pero rockean con más gracia. La voz áspera de Conway no convence, pero la instrumentación se nota más ligera y trabajada; sin ofrecer demasiado además de esta escucha algo más agradable. Sólo un fanático negaría que hay miles de discos superiores a éste, pero lo verdaramente importante es que My Bloody Valentine inician aquí su meteórica ascensión de Ep´s hacia su obra suprema. De hecho,  no son ni My Bloody Valentine todavía. Piezas para museo, muy gratas sobre todo a la hora de trazar un itinerario sónico, intentando imaginar qué  pasaría por la cabeza de Shields para que un grupo cualquiera, de los que hay varios en cada barrio, se convirtiera en lo que finalmente fueron. Por estas fechas, nadie apostaría por ellos. Algún detalle, sí que hay: el riff de Love Machine, ¿presagio de los que vendrían luego? Detalles de calidad salvan canciones bastante pobres en su concepción, totalmente amateur.

The New Record by My Bloody Valentine (1986)
Lovelee Sweet Darlene: 7,5 
By the Danger in Your Eyes: 8
On Another Rainy Saturday:7,75
We´re So Beautiful:8,8
Duración: 10:25
Nota: 8

Año nuevo, vida nueva. Tina Durkin marcha, y entra al bajo la definitiva Debbie Googe, cuya aportación no será poca (véase By the Danger in Your Eyes). Ya desde el título remarcan el deseo de ser otros. Conway también va perdiendo peso en el grupo y cambian a un estilo noise-pop parecido al de The Jesus & Mary Chain, siguen sin innovar pero ahora se sienten más cómodos y parecen aportarle algo de color a las influencias, su toque personal. Canciones muy ruidosas pero a la vez alegres, sobre las que actúa la nostalgia y se puede vislumbrar ya la larga sombra de la belleza. Dolorosos para el oído, poderosos para el espíritu. My Bloody Valentine, -Mbv a partir de ahora-siguen siendo  del montón, pero ahora cerca de la cabeza; si Kevin todavía no es genio total, sí inteligente, y el grupo revive con fuerza insospechada. Aquí ya se pueden encontrar horas de disfrute. Un EP digno de amor y el primer gran salto de calidad de la banda; ya suenan más que bien. Todos los temas del brevísimo disco son dignos pero We´re Saturday en particular -qué quieren que les diga- parece anunciar algo grande.

Sunny Sundae Smile (1987)


Sunny Sundae Smile: 8,25
Paint A Rainbow: 8,4
Kiss the Eclipse: 7,75
Duración: 8:51
Nota: 8

Como vimos, 1986 fue importante por el cambio de estilo; 1987 en lo fructífero. Continuaron la buena senda, alejándose del ruido y buscando melodías lo más dulces posible, creando composiciones de Jangle pop para todos los públicos, grabadas de forma barata pero entrañable. Y sí, este EP es TODAVÍA más corto, y no llegamos siquiera a los 10 minutos. Música para alegrarse el día. El peligro que acecha: estancarse aquí.

Strawberry Wine (1987)

Strawberry Wine:8,5
Never Say Goodbye:8,75
Can I Touch You: 8
Duración:8:20
Nota: 8,25

Con la llegada a la banda de Bilinda Butcher, tras haberse marchado Conway, se conforma la formación definitiva, Mbv pule al máximo su estilo Jangle Pop y entrega dos pequeñas joyas, éste Strawberry Wine -sí, todavía más breve- y el posterior Ecstasy, que serían más tarde compilados en Ecstasy and Wine.
Vayamos a las canciones: hay que repetir que Never Say Goodbye es una maravilla, a dos voces entre Bilinda y Shields. La última canción de este primer EP es la más difícil de digerir, y la primera de Mbv en la que se aprecia una importante experimentación. El frasco de las esencias amenaza con terminarse, y son lo suficientemente inteligentes como para, antes de que los temas de pop bello se conviertan en repeticiones unos de otros, tomar el camino difícil, que al final es el único posible: innovar. Fracasaron en un estilo, triunfaron en otro, el siguiente paso será crear el suyo propio, su sentido único del arte y la belleza. Pero antes, el EP continuista Ecstasy.


     Ecstasy (1987)

She Loves You No Less 9
The Things I Miss 7,5
I Don´t Need You 8,75
(You´re) Safe in Your Sleep (From This Girl): 8,5
Clair 6,75
You´ve Got Nothing: 7
(Please) Lose Yourself In Me: 6,5
Duración: 20:42
Nota:7,7

A medio camino entre la etapa Jangle Pop que se cerraba y el futuro experimental que definiría un nuevo estilo, este EP mezcla canciones enternecedoras como She loves you no Less con otras menos radiables pero también meritorias. Después de esto, el salto al vacío, pero lo veremos la semana que viene, en la siguiente entrada de la revisión de la discografía de My Bloody Valentine.



viernes, 23 de septiembre de 2016

Dinosaur Jr- Give a Glimpse of What Yer Not (CRÍTICA)



Hay discos de cuyos entresijos podríamos estar hablando durante horas. Para empezar, existe un ejército -sin más armas que la ignorancia, me atrevo a afirmar- defendiendo que hoy en día no se hace buena música. Este disco, aunque suene a los 90, no tiene ni dos meses; y si no fuera suficiente, hay mil grupos y genios/as musicales intentando cosas por ahí, otra cosa es que la mayoría de las veces no lleguemos a ellos. Lo que no puedes es tirarte el día poniendo M80 y luego quejarte de que hoy no se hace buena música o no se innova por dos canciones de Katy Perry o Justin Bieber que escuches en el Eroski cuando haces la compra de la semana, y encima intentar quedar por erudito con ese comentario. ¿Acaso es posible, en cualquier caso, que no se le ocurra nada a casi 8.000 millones de cabezas? Muévete un poco. Desde luego, a J.Mascis y los suyos (que son Low Barlow y Murph) se le ocurren cosas. A Radiohead también. Y han tomado la buena decisión de ahora, cuando han compuesto tanto y corren el riesgo de repetirse o volverse anodinos, aumentar el intervalo de tiempo entre sus entregas en vez de reducir la calidad.

Dinosaur Jr., grupo que nos ocupa, dinosaurio que no quiere crecer. Estoy seguro de que si renunciaran a algún elemento poco radiable de su sonido, ese ruido que parece blanco pero esconde  matices coloridos que van apareciendo poco a poco ante ti, podrían ser el triple de ricos o conocidos. Pero no renuncian a su estilo desaliñado, representado por la melena de J. Mascis, que parece una peluca comprada en los chinos para el carnaval de hace dos años. Noise rock suave, dulce en realidad, estímulo y cura para gente inquieta. Han realizado el sueño de muchos artistas: casi todas sus canciones se parecen, ninguna es igual, todo se repite pero nunca es repetitivo. Cuántos solos de lucimiento le habremos escuchado a J., y aún hay espacio para otro más, y otro. Nos imagino sentándonos a su lado, rodeándolo, y él tranquilamente, sobre una silla deshilachada, lanzando caramelos aceleradísimos, rayos de luz que atraviesan el cielo -como los de los Cazafantasmas-, hasta que la electricidad se acabe. Y lo más meritorio es que sus florituras y cabriolas construyen la propia canción, son parte de su esqueleto, indisolubles.

Videoclip de Tiny
J.Mascis saca a pasear a su perro en skate; y luego se aburre viéndoles tocar. Memorable la respiración mucosa del can, al principio y al final. También hay vídeo de Goin Down.

Una base rítmica enorme, y uno de los mejores guitarristas que ha dado EEUU, con menos purpurina pero demasiado arte, y una técnica al alcance de pocos, ¿qué más se puede pedir? Tres cuartos de hora de bajo, guitarra y batería; sin espacio para el aburrimiento en ninguna de las once canciones. Un álbum compacto, que definitivamente no cambiará el rumbo de la música, pero sin un tema malo;  no te arreglará la vida pero seguramente te alegre alguno de estos días; y diez discos más a sus espaldas para quien no se haya saciado todavía. Gente comprometida con su música, que ha construido un archipiélago notable: tenemos Bug, Farm, ésta... y ocho islas más, de relieves encrespados, y sobre ellas el fantasma mágico de haber influido en el rock de varias generaciones. Y como siempre (menos cuando no estuvo) Lou Barlow aportando variedad con sus canciones, Love is... y Left/Right (cierre perfecto). Cracks. Como dato curioso, la canción/ himno que abre el excelso Daydream Nation de Sonic Youth, que ya reseñaré, en lugar de Teenage Riot iba a llamarse "J.Mascis for President".

Normalmente, cuando se dice que un disco se ha compuesto con el piloto automático, es algo malo. Para mí, en este caso no: refleja una cierta apatía que mola, somos unos viejos sacando como rosquillas las canciones que cualquier grupo joven querría parir, no buscamos nuestra mejor canción porque ya la hemos hecho, patinamos un poco, nos reunimos y tocamos de tranquis porque es lo que nos gusta hacer y para lo que hemos nacido, y cuando algo está a punto de volverse mecánico, giro que no sabes por dónde viene ni por dónde va, y a empezar de nuevo, mientras el mundo da vueltas fuera de este skatepark.
Salud y decibelios.


Goin Down: 8,25
Tiny: 8
Be a Part: 8
I Told Everyone: 7,25
Love Is... 7
Good to Know: 7,5
I Walk for Miles: 8
Lost All Day: 8
Knocked Around: 8
Mirror: 7,5
Left/Right:8,5

Valoración disco: 7,75 (entra en novena posición en el TOP 10 de discos del blog, podéis verlo aquí)
Top 10 LNsRB

viernes, 18 de marzo de 2016

25 años de terror





Disco: Spiderland
Grupo: Slint
Fecha: 27 de Marzo de 1991
Duración: 39:34
Estilo: Post-rock
Puntuación disco: 9


La vida de una mosca dura tres semanas, y nos parece insignificante, pero existen grupos que habiéndonos dejado poco más de una hora de música se sienten decisivos, absolutos. Los estadounidenses Slint (Louisville, Kentucky) publicaron un primer disco cuyas canciones llevan el nombre de sus mamis y papis y del perro del batería, para después componer otro donde se alejaron tanto del mundo que crearon uno propio: hablamos de Spiderland, éste es el mundo, éste es el disco, y el 27 de marzo de 2016 ambos están de celebración, pues cumplen un cuarto de siglo, o cinco lustros, o 25 años: en fin, al menos un millón de angustiosas caladas sobre el vacío.

Cuando salió, nadie entendió el disco de las arañas, sus verdaderas influencias tan difíciles de rastrear -como si hubiesen dado un salto de genio y locura-,  su gestación por unos púberes, muchos de ellos sin edad para beber. Desde luego, esto no es un compás de 3/4.  Salieron de la escena hardcore, y nadie supo a dónde fueron después, hasta que se acuñó la etiqueta post-rock, en un intento vano de encerrar su sonido, que es único y sobrepasa toda definición por palabras, es decir: hay que escucharlo para comprender. Nada tiene que ver esto con lo que hicieron Tortoise o Mogwai. Más que nada porque da miedo. A mí Spiderland me parece música de terror, estamos en la mansión del conde Drácula buscando pasadizos para escapar y de repente: ¡pum! Un golpe, un grito (precisemos: un chillido), sangre, monstruosidad, colmillos que muerden. Y luego el silencio. Pero no quiero ahogarme en más párrafos farragosos, que comenzaron con una mosca y podrían llevarnos sabe Dios dónde pero terminan aquí.

Lo que haré hoy es escuchar de nuevo las seis canciones de este disco maldito -el siguiente paso de Slint fue separarse- y comentar las imágenes que me vengan a la mente. Por cierto, antes de que se me olvide, la portada es cojonuda.



Breadcrumb Trail 

En lo inextricable del bosque, en lo eterno de la soledad, mi coche de segunda mano se ha quedado sin energías. La única construcción cercana es una pequeña torre que ahora veo. Camino hacia ella siguiendo un raíl de cenizas extrañas. Su puerta se abre sin hacer ruido, pero por ella han pasado las personas y los años, así que al cerrarse la madera cruje como mil bestias. No hay nadie en el umbral, sólo unas escaleras de caracol que parecen interminables. Al fondo diviso alguna luz, abajo, procede de una pequeña lámpara. Sobre la mesa está tendido un muerto y alguien se mueve alrededor.

Nosferatu Man


Llego abajo, al último peldaño de la escalera. Me mira directamente a los ojos un hombre canoso y encorvado. Una parte de su cuerpo es pálida a la luz, la otra está en completa oscuridad. Sin dejar de vigilar de reojo su trabajo, el viejo se acerca. Y me grita, y me grita. Tiene un destornillador en la mano, camina con pasos torpes. ¿Qué quieres? ¿Qué haces en mi torre? ¿Buscas algo? Nada, le contesto. Y me sonríe: si no buscaras nada no estarías aquí. Tengo que decirle la verdad. Mi coche se había quedado sin combustible en medio del bosque y a lo lejos se veía este extraño edificio. He entrado para preguntar cómo conseguir gasolina o refugio. Esto está perdido entre una infinidad de árboles y de lobos y me he quedado seco. 

Don, Aman

Ciertamente, es una pena, contestó el viejo. ¿Tú sabes qué es esto? Me preguntó, bastante serio. Parecía un cadáver, sin duda lo era, así que le contesté: no, no tengo ni idea. Si usted no sabe dónde puedo parar a repostar, mejor me iré y ya mañana cuando amanezca llamaré por teléfono y pensaré algo. El jorobado tenía una vena en la cabeza y se le estaba hinchando. Yo di el primer paso hacia atrás, sin volverme. Él bebió de un vaso verde, salían de él pequeñas llamaradas. Tranquilízate, tranquilízate amigo. Eso dijo y daba un sorbo entre cada palabra, luego concluyó: de todos modos no vas a salir de aquí. Bebe. Luego no necesitarás gasolina ni necesitarás nada.

Washer

Me parece una buena oferta, señor, pero se me ha hecho tarde. Di otro paso. Él ya no me miraba a mí, sino al cuerpo. ¡Es un muerto, esto es un muerto! -gritó- ¿Acaso no lo sabes, coño? Enfurecido, agarró otro vaso, ahora rojo (los había de todos los colores, sobre una estantería) y abrió la boca del cadáver introduciendo el secreto brebaje bajo sus muelas. Y añadió a ese acto: puedes empezar a correr. 

For Dinner


 Las piernas no me responden, como si fueran de otro. Y el dueño de la mansión sonríe tanto que el techo comienza a deshacerse. Alguien (o algo, o nada) ha clavado mis pies al suelo y están sangrando. Pero no siento dolor todavía. Sólo miedo. El monstruo ha despertado, digo monstruo porque ahora es enorme, intento arrancar los clavos pero ninguno de mis flácidos brazos consigue moverlos un milímetro. El ser se acerca y abre su boca, que es de mi tamaño y luego es la torre y luego el bosque, en cuanto me toca los músculos se desgarran y los huesos parten como si fueran cerámica, y ahora sí, ahora duele. La oscuridad es absoluta y yo soy un fango reptando en el interior del monstruo, en plena oscuridad, mas no silencio, porque aún escucho al viejo, que exclama: ¡sabías demasiado! ¡pensabas demasiado! ¡habías dado demasiadas vueltas y llegaste aquí y tenías que morir! Ahora serás un nuevo experimento...

Good Morning

Despierto y no hay clavos, ni torre, ni siquiera un árbol o alguna planta; sólo los informes que me había pedido el Jefe, sobre la mesilla. Y me alegro, la verdad: ya no veo tan malos sus gritos, ni el crepitar de las máquinas, ni siquiera el infinito etiquetado de cosas infinitas, que de no terminarse pueden terminar conmigo; así que me intento levantar para ir al trabajo, pero al final el viejo tenía razón y ya es tarde.  Siento húmeda la frente, allí llevo mi mano y ahora es roja. No puede ser pero así es, y aquí está el monstruo de la torre que creí haber despistado en sueños. Lo último que veo es una garra y el reflejo del Sol en ella. Así morí en el sueño del que no despiertas.

lunes, 25 de enero de 2016

Sound Of Confusion, debut glorioso




(Lamento que, por alguna razón, el cuadro inicial sólo se visualiza entero en ordenador. De todos modos, si estás con el móvil puedes darle a ver visión web y lo leerás también. Disculpad las molestias.)



¿qué tenemos?
Un LP de 1986 (1.994 la reedición)
Nombre
SOUND OF CONFUSION
Grupo
SPACEMEN 3
Discográfica
GLASS RECORDS
Integrantes
PETER KEMBER (guitarra; feedback, crea los muros de sonido que llenan el disco); JASON PIERCE (guitarra, voces); PETE BAIN (bajo); NICHOLAS BROOKER (bajo, percusión).
Duración
39:55 el CD original, 1:12:30 la reedición.
Influídos por
STOGGES, MC5, SUICIDE, VELVET UNDERGROUND
Influyeron en
LOS PLANETAS por ejemplo, sin salir de España.
Te molará si te gusta...
El churrasco poco hecho, ver el mar rompiendo contra las rocas durante horas, formas diversas de depravación artística.



                                                          (CRÍTICA DISCO)


Bicéfalos (con la dupla Jason Pierce-Peter Kember al mando) y singulares, los Spacemen 3 se estrenaron con el Sound Of Confusion que hoy reseño, si es que mi ordenador- a punto de caerse a pedazos- me lo permite.

Estas bestias de Rugby (Reino Unido) llegaron a la escena musical con valentía y originalidad bajo el brazo, y eso que varias canciones de este álbum debut directamente son covers: Mary Anne “pertenece” a Juicy Luicy, Rollercoaster a los 13th Floor Elevators y Little Doll a los Stogges, cuya sombra planea a lo largo del disco, incluso la última canción -O.D. Catastrophe- remite a T.V. Eye. Y sólo hay siete temas en total.

Entonces, ¿qué hay de nuevo, amigos? Vagancia, diría la razón; irreverencia, el corazón. Unas ganas enormes de contar de nuevo la vieja historia del rock, pero a lo bastardo. Algo tienen estos tipos que les hace únicos: no es cuestión de habilidad, similar a la de otros grupos, más bien talento y visión.

Nuestro viaje comienza con la distorsión despertando enfurecida de un dulce sueño, asciende hasta su límite físico y allí se mantiene durante 40 minutos.

Ya en la iniciática Losing touch with my mind se escuchan los tímidos quejidos de una sala de grabación que no da para más…y lo que le queda. Estamos ante un caso flagrante de explotación laboral, como si dijeran: “bah, si se rompe, ya compraremos otro ampli.






Spacemen 3 (éstos, jueveniles; los de The Perfect Prescription; los que partieron en dos; todos) son al rock lo que Qué vida más triste a la comedia española.

Una simpleza que asusta, en la que sólo artistas de su talento podrían mantenerse sin llegar a esperpentos vacíos como Gym Tony. Con los demás grupos dices: joder, esta canción “x” es igual a aquella antigua “z”, vaya mierda, y su mayor preocupación debería ser no repetirse.
En cambio, los Spacemen 3 tocan 10 minutos un solo acorde, y nunca piensas que te estén timando. Es como si Messi se fuera de siete con el mismo regate, dirías: ¡la ostia! No les hace falta sudar, ni mucho menos hacer un solo, jamás saldrán de la habitación del “Josebas”; arte y vida en estado puro: mejor poco hecho que prefabricado, la carne aún sangrando.



Tres escenarios, dos colores, un sonido.

Las canciones son un par de retazos, en realidad bastante vulgares –no seamos tan fanboys/fangirls como para negarlo- a partir de los cuales improvisan, pero no ellos, estáticos y repetitivos; sino los amplificadores, debatiéndose entre esta y una vida mejor, fundiendo el sonido “limpio” de las guitarras con una distorsión poderosa, que aquí tiene el don de la ubicuidad. Y en ella se pierde tu mente mientras que Jason y Kember podrían poner monos amaestrados a hacer su trabajo… ¿o no?

Porque el resultado –ciertamente irregular, el grupo aún está lejos de su cima, apenas sale del cascarón- es antes que disco experimento artístico, tesis doctoral en la universidad del decibelio.

Un tratado revolucionario de cómo mantener un par de acordes hasta el infinito, con el objetivo mesiánico de hipnotizarte, sin que el fantasma del aburrimiento haga acto de presencia.

Aunque las técnicas que aquí muestran serían perfeccionadas en posteriores discos, éste tiene a su favor ser el más explosivo, de una cutrez peligrosa, como si pillaran a drede un mal equipo de sonido –del chino, preferentemente- y lo destrozaran sin tocarlo durante toda una noche de luna llena, dándole dos opciones, fallecer o morir, que diría Loulogio, recientemente resucitado para la causa, no sé cuál/ pero es divertido.

¿Qué ruido hace un altavoz al estallar?


   (sobre la reedición)

El disco definitivo para escuchar con gafas de sol a las cinco de la madrugada. Y por si alguien se siente insatisfecho, la revisión de 1994 viene con nueva portada y unos cuantos regalitos, entre ellos un directo de Rollercoaster cuyo inicio acojona más que la última de Saw, y su final es pospuesto hasta la implosión sónica, mientras se cuelan desgarrados gritos de un público que parece poseído, como si estuvieran todos... sí, has acertado, en una montaña rusa: Rollercoaster.

Y el mayor logro es precisamente que la atracción es totalmente plana, sin loopings ni mierdas, tu vagón permanece estático en su raíl pero aún así es emocionante. ¿Cómo? Preguntádselo a ellos. El secreto mejor guardado después de la fórmula de la Coca-cola.

Nada efectista, todo efectivo. Si comparas a Muse por ejemplo con este grupo, llegas a conclusiones curiosas. Más aún: me parece prácticamente imposible que te encanten los dos a la vez: o los Spacemen 3 te parecen aburridos, o Muse sobreactuado; y el de los dos que menos te guste, pretencioso. Seguro que odian mutuamente su música, o lo harían en caso de conocerla.

¡Hey, que aún hay más! Esta nueva revisión también trae un demo de 2:35 y versiones primerizas de dos cancionazas como son Feel So Good y Walkin’ With Jesus, las cuales aparecieron por primera vez comandando aquel todavía mejor que fue The Perfect Prescription… pero ésa es otra historia.


“Well, here it comes…
Here comes the sound…

The sound of confusion…
The sound of love.”


           Que estoy pensando... no me ha quedado tan mal la entrada al final... ¡toma, toma y toma!


Venga, prometido escribir algo sobre Qué vida más triste  en cuanto haya terminado de ver las siete temporadas.      



La discografía de los "exploradores del espacio", que son tres, Jason, Pete y tú mismo, se compondrá de virajes en torno a este estilo propio que nunca abandonarían, porque al contrario que otros grupos los Spacemen siempre fueron, como mínimo, ellos mismos, recluídos en su cueva hasta que se derrumbó (no a golpe de feedback, sino de disputas internas). Y eso no es poco.
Cuando Jason Pierce se acercó al pop y Pete Kember a la pura experimentación sonora, supieron darle buena muerte al grupo y salvar su gloria.

                                                              


                                                                    Puntuación: 8,5

Losing touch with my mind: 10
Hey Man 9
Rollercoaster 8,5
Mary Anne 9
Little Doll 8
2.35 7,5
O.D. Catastrophe 7,5



lunes, 4 de enero de 2016

The Velvet Underground and Nico


El disco del plátano.

La Velvet fue directa desde el principio. Sonido abrasivo, literatura amoral.

Hay quien considera al primer disco de la Velvet Underground como el más influyente de la Historia.
Cuentan aquella frase míticamente mítica de que todo el que lo escuchó en su momento formó un grupo. Y tened fe de que Sonic Youth, Spacemen 3, The Jesus and Mary Chain o Joy Division no faltaron a esa clase. Difícilmente se puede entender sin la V.U. la mayoría de salidas de tono habidas y por haber en el rock internacional.

La ópera prima de estas bestias neoyorquinas fue la piedra filosofal que convertiría las más surrealistas y deshonrosas historias de callejón en diamantes inagotables (nunca les vi tocar en directo Waiting for the man dos veces igual, en claro desprecio de su existencia y demostración de su esencia)
El eslabón perdido entre la música contenida, hipócrita, controlada artificialmente que siempre harán la mayor parte de los artistas y el aquelarre sonoro que sólo se dignaría a escuchar, por el puro desafío que conlleva, una minoría desquiciada y burguesa con demasiado tiempo libre.

Desde el primer minuto, al igual que James Joyce escribió libros a base de traer a la luz pensamientos oscuros e inconexos con los que  nadie en su sano juicio hubiera osado novelar; Reed, Cale y su gente hicieron música escupiendo al micrófono las mierdas más sórdidas de un inframundo toxicómano y vicioso, que se intenta reír de sí mismo y la existencia humana por no llorar, todo ello sazonado con  avalanchas de ruido efectuadas normalmente por Cale, decidido a profanar la suite del Hilton en que se había convertido el arte sonoro. Sacar a la superficie la crudeza y el salvajismo que reglas no escritas mandaban esconder.

Siempre bajo el mecenazgo de un Andy Warhol que si algo hizo en vida fue investigar (o simplemente destrozar) los límites de lo que es o no arte a partir de lo chabacano y ofensivamente cutre. Bueno, siempre no: sólo hasta 1968. No duró mucho. Tampoco Cale duraría mucho tiempo. Ni el grupo en general. Nada fue, hablando en términos prácticos, muy duradero en la Velvet, si nos olvidamos de cómo hoy día el rock underground sigue erigiéndoles como dioses o al menos visionarios indecentes.

Lou Reed ha muerto, saliendo en televisiones de todo el globo: las mismas que vivo no se atreverían a ponerle. Se une a la liga de grandísimos artistas (reciente el caso de Paco de Lucía, por ejemplo) que sólo he visto como noticia cuando fallecieron. Precisamente morir fue lo menos importante que han hecho. También murió Nico, de un accidente de bicicleta, pronto harán 30 años de ello. 

El disco tiene este nombre  porque a Warhol se le ocurrió añadir una modelo al grupo, intentando que consiguieran mayor visibilidad. Les costó aceptarlo, y aunque la colaboración no se prolongó más allá del LP que estoy comentando, al final el toque de la alemana Nico, en realidad llamada Christa Päffgen, resultó clave. Ni siquiera dominaba el idioma, pasándolo bastante mal en las sesiones de grabación. Pero su voz era única en el mundo. De hecho, más tarde comenzaría una carrera en solitario como cantante.




Si hay algo que me fascina últimamente en el arte, es la disociación entre forma y contenido. En el Ulises del ya mencionado Joyce sirven a su protagonista Leopold Bloom una cerveza, y se narra como si se tratara de un acontecimiento legendario, a la fastuosa manera homérica, y no puedo parar de reír; el disco de la indecencia paranoica comienza con una nana, y da mal rollo. La letra es otro tema. Aquí no hay espacio para la inocencia. El despertar de la vangardia en el pop es Sunday Morning.

 I´m Waiting for the Man ya pasa a juguetona, con una melodía de piano divertida y amoral, más propia de Alicia en el país de las maravillas  que de este mundo. Tan buena que a ratos Lou prácticamente habla, y no se nota. Y todo queda perfecto, como siempre. Una contagiosa línea de bajo al final. El conjunto cruje, pero aún estamos lejos de White Light/White Heat, donde se acercaron ya tanto al precipicio que casi caen. Luego viene Femme Fatale, una canción tristísima, tan fuera de lugar... pero que de algún modo que no consigo comprender, funciona. 


Vamos "decayendo", no en altura musical, que no cederá ni en los momentos más locos, sino en cuanto a las metáforas sonoras que se transmiten: inocencia, picardía (llaman a su camello, ése es el man por el que espera Reed), tristeza y ahora la sordidez tangible del sadomasoquismo. Venus in furs. No se puede caer más bajo, colocado y sangrando, caen gotas rojas sobre tu frente. Aunque vuelva Lou, tras la fría pero perfecta interpretación de Nico en la canción anterior, el protagonismo aquí es para Cale y su viola eléctrica, creando la atmósfera exacta. ¿Y después que viene? El falso pero real, real pero falso subidón de las drogas: Run run run. El tempo se acelera y todos bailan desnudos. Ya llegará la caída, ya... Pero mientras juegan al trenecito con unos noruegos con camisas hawaianas y un equipo de patinadoras suecas en tanga de leopardo. 

Y el desastre resultante lo canta Nico en All tomorrows parties. No sé que dice realmente porque no he traducido las letras al completo, quizás perdería su magia. Pero sigo con mi interpretación: la viola de Cale me lleva por una sala enorme y destrozada, la gente está tirada por el suelo y la figura fantasmal de Nico intenta despertarles. A la quinta bofetada un tipo despierta y tiene la boca llena de babas. Todos los cuadros están torcidos y alguno roto. Cada fiesta conlleva su resaca. Y también cada éxito su esfuerzo. La pregunta es: ¿hay alguna droga, algún sueño, alguna lucha que merezca la pena? ¿O los efectos secundarios son siempre superiores a las bondades de la dosis? Te responden claramente en la siguiente pista, Heroin. Pero no es la heroína (con sus penosas subidas y bajadas) lo que merece la pena, sino la música. Pocas maneras mejores hay de pasar siete minutos que escuchar esta canción. Las contraindicaciones, mínimas. La tranquilidad y emoción vertiginosa que transmite, una ganga. Comprar este disco, ponerte unos auriculares: conseguir tanto con tan poco. El álbum, tan polémico como fue, al final es hasta saludable: acabas dándote cuenta de que no hay droga como la música. Para cuando llegas a There She Goes Again y ya estás vencido, te ponen un par de coros que suenan celestiales con una melodía otra vez juguetona que despunta antes de desaparecer. 





A ratos parece que entregan su alma, a ratos que están jugando con algo pegadizo y tonto para entretenerse un poco, y el resultado es el mismo. Una ironía tan fina que existe o no dependiendo de la interpretación del lector. ¿Habla en serio Reed cuando dice que la heroína es su esposa y su vida? Puede que sí. Pero a la hora de The Black Angel´s Death Song se vuelve a confirmar que la del arte y la existencia es la única locura que existe, y todo lo demás es tan problemático como accesorio. Patético, sublime, divino, diabólico: los contrarios parecen tocarse. Se han diluido en el pentagrama nuestras ideas preconcebidas.

European son: una estampida de búfalos, un choque y posterior rotura del continuo espacio-tiempo: y luego cada uno que adivine lo que pueda a través de las grietas. Su primer ejemplo de canción-absurdo, empezando desde cero e intentando llegar por casualidad al infinito. Un primer borrador de Sister Ray, orgía de la irracionalidad, culmen de aquel bonito despropósito que será White Light/White Heat. Pero ésa ya es otra historia.
No eran ejemplo para nadie, pero se convirtieron en inspiración para todos.







Sunday Morning 9
I´m Waiting for the Man 10
Femme Fatale 9,5
Venus in Furs 9,5
Run Run Run 9,5
All Tomorrow´s Parties 9
Heroin 10
There She Goes Again 9,5
I"ll Be Your Mirror 9
The Black Angel´s Death Song 10
European Son 9


Puntuación: 9,75



martes, 22 de diciembre de 2015

PSYCHOCANDY




Hay muchas formas de llamar a la puerta, cada uno lo hace a su manera. Pero Upside Down es pasarse. Esto es lo más perturbado que puede escuchar un cuerdo. Echarle una gota más de salvajismo haría imposible volver a tu vida capitalista y sedentaria como si no hubiese pasado nada. El día en que todo el mundo escuche este disco, nadie venderá trajes.

Best friend I've ever had/Uh-huh-huh/Feels like I'm going mad”; “Doesn't matter to me/
Doesn't matter to me/Knowing you can't see”




Y luego llega Psychocandy. Unos reconocidos amantes del pop como son los Jesus muestran aquí su bello cadáver e inmediata resurrección. El mensaje es claro, esencial: para qué estar triste si puedes estar cabreado. El álbum perfecto para escuchar en soledad mientras caminas hacia ningún lugar. Con él, las metáforas vienen solas, te acuchillan por la espalda: la dulzura pop como una turgente sombra sobre la que se arrojan un montón de cosas afiladas, el disco definitivo del sonido indefinido, la M80 pillando interferencias al pasar por el averno. Ruido y melodía. ¿Fomenta la violencia? No, la mata desde dentro.
Psychocandy comienza echándose un farol, acariciando tus mejillas antes de golpearlas. Just like honey es una “preciosa” balada rock, al menos para lo que representan estos tipos: canta Jim Reid aquello de “I´ll be your plastic toy/yo seré tu juguete de plástico”.
Esta canción asciende sobre los personajes en un momento culminante de Lost in translation, melancólica obra maestra de Sofía Coppola y que recomiendo más que este disco, la verdad, de una radicalidad tan pura que sólo puede encantarte o espantarte, no caben las medias tintas, y menos cruzando como cruza la frontera de lo insano e incluso doloroso, en un equilibrio que no se volverá a conseguir. En cambio, en la cinta de 2003 yace el reflejo de cualquier alma romántica.
Pero prestemos atención todos y todas al videoclip: eso sí que es puro Jesus and Mary Chain, medicina para jodidos de la mente. Jim Reid aguanta su guitarra simplemente para que no se le caiga, más perchero que guitarrista; el bueno de Douglas Hart toca sólo dos cuerdas de su bajo, para qué más, según él mismo llegó a decir; a los veinte segundos Jim, imagino que agotado tras su gran esfuerzo, se sienta para empezar a cantar, más desganado que la cigarra de aquella fábula, y con tan poco sentimiento que éste parece real (gran hallazgo). Bobby Gillespie, que pasaba por allí, golpea un par de tambores, que eso no es batería ni es nada, de pie y apático, como si no fuera con él. En realidad, las bases rítmicas simples y primitivas, rollo tribu aborigen de Oceanía, son uno de los puntazos del disco.Inevitablemente se repiten a lo largo del disco algunas de las escasas combinaciones posibles. Y mola. De algún modo (habrán vendido su alma al diablo) consiguen que nunca aburra.
A lo que íbamos, Just like Honey era sólo la trampa para cazar al oso: The living end comienza a tiro de escopeta y acaba como atroz apocalipsis, adrenaĺítica, anfetamínica; una canción sobre pillar tu moto a toda velocidad y sentirse enamorado de uno mismo, porque “I cut the road like a sharpener knife”. 


 

  Taste the floor es algo más lenta, pero a cambio mucho más sucia, guitarras que chirrían y relampaguean antes de resquebrajarse. La letra es extraña y deprimente, aunque con estos genios bastardos de la música contemporánea uno nunca tenga la sensación de tristeza: aquí hay demasiada energía para ello. A veces, cuando se me da por filosofar y Heráclito, Parménides y Tales de Mileto despiertan en mí, pienso en que, en realidad, las únicas diferencias entre la tristeza y el enfado son cuestiones de aceptación/resignación, la posición subjetiva de uno frente al problema y la energía disponible.  
¿Sigue alguien leyendo o ya se han ido todos? The hardest walk fue la primera canción que escuché del grupo. Aún recuerdo cómo me resultaba jodidamente molesta, y eso que es de las más amables de todo el disco. Aquellos que no tengan unos oídos inquietos, quizás incluso algo masoquistas, dudo mucho que logren ver el dibujo que hay tras las zarzas. Porque eso entiendo que es Psychocandy: un conjunto de piedras angulares, sólidas e imperecederas de la historia musical (léase Beatles, Stooges, la Velvet...); sobre las que se superponen hiedras venenosas y tojos enmarañados, los árboles no dejan ver el bosque y eso es lo que mola: el bosque ya lo habíamos visitado mil veces, ahora que alguien nos enseñe las espinas. Así, construyen sus canciones gracias a  las supuestas (¿hay algo absoluto en el arte?) imperfecciones que los demás grupos llevaban evitando desde los anales de la música popular, a excepción de Lou, Cale y compañía; que en vez de ser hijos de su tiempo son padres de todo lo demás.
 Aquí hay más defectos de sonido que sonido, pero sigue estando ahí. Cuando pillas la broma del asunto, y al fin te decides a escarbar, terminas satisfecho por lo descubierto a pesar de tener las manos llenas de sangre. 

 


Lo mejor de Psycochandy es descubrir al final cómo, después de tanto escándalo, es un disco muy similar a lo que habíamos visto hasta ahora. Le dan un giro de 360 grados al pop: es decir, lo retuercen, literalmente lo violan (con consecuencias palpables décadas después, en una legión de imitadores más inagotable que los soldados imperiales de Star Wars), pero luego lo dejan como estaba; aunque destrocen tu habitación, todo lo realmente importante está en su sitio con una precisión científica. El Método utilizado es juntar una base sólida, melodiosa y perfectamente rítmica con un mundo subversivo y anárquico de distorsiones, empalmes y todo tipo de intromisiones ilegítimas al honor de los instrumentos musicales, y dejar que se peleen: de este imposible intento de unión nace la química emocionante y misteriosa de In a Hole,Taste of Cindy, la nihilista Never Understand (mi favorita), o Inside me, la más brutal de todas.
La producción de Cut dead o Some Candy Talking es prácticamente limpia, pero se integran sin problemas en un conjunto musical que nunca dejará de ser un milagro de la alquimia; cómo con los peores elementos y los errores del pringao amateur conseguir uno de los discos decisivos del fin de siglo.¿La respuesta? Actitud.
Por cierto, ¿JAMC triunfaron gracias a asumir que nunca lo conseguirían y crear música sin preocuparse por nada ni nadie? Qué va. Estaban tan idos cuando sacaron el Psychocandy que su objetivo era escucharlo en radios comerciales, lo cual resultará de lo más sarcástico al que le dedique a esto quince minutos de su tiempo.


 


Toda esta impetuosa construcción se sostiene gracias a un puñado de caramelos cuidadosamente ubicados: de otro modo, el quinto hit destrozatímpanos seguido haría claudicar al más testarudo. Para nosotros, los melómanos de oído menos refinado, existieron directos como el celebrado en el Electric Ballrroom un 9 de septiembre de 1985 que ya nos queda lejos (está en You Tube). Casi hace justicia a la leyenda que les precede, referente a entre otras cosas tocar de espaldas tres o cuatro canciones, crear disturbios y pirarse.La mecha de una revolución que, habéis adivinado: no lleva a ningún sitio. Pero es excitante verla.
Luego también está por ahí el Barber Wire Kisses, con caras B de la época, pero eso ya es para viciosos. No se puede llegar más lejos caminando el anguloso sendero del noise pop. Aquí empieza y termina todo.

           

  PUNTUACIÓN: 9,7               AÑO: 1985                DURACIÓN: 43 minutos 10 segundos

Just Like Honey (9,5)
The Living End (9,7)
Taste the Floor (9,3)
The Hardest Walk (9,2)
Cut Dead (9,5)
In a Hole (9,8)
Taste of Cindy (9)
Some Candy Talking (9,5)
Never Understand (10)
Inside Me (9,7)
Sowing Seeds (9,5)
My Little Underground(9,2)
You Trip Me Up (9)
Something's Wrong (8)
It's So Hard (7,5)