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martes, 13 de marzo de 2018

Testigo de cargo


Película
Título: Testigo de cargo
Título original: Witness for the Prosecution
Director: Billy Wilder
Año: 1957
Duración:114 minutos

Uno no debería escribir sobre una película mucho después de verla, puesto que la memoria es limitada, pero tampoco justo después, ya que necesitamos algo de reposo para valorar las cosas en su justa medida. 

Finaliza Testigo de cargo con su espectador bastante satisfecho, diálogos frescos, ese toque enternecedor tan Wilder (el protagonista quiere lanzar al mercado batidoras que separan la clara de la yema), la agradable mezcla entre drama y comedia, un sentido del entretenimiento que sigue funcionando 50 años después, etcétera.

Después de una aclaración tan necesaria como que esta cinta, basada en una obra de teatro de Agatha Christie, funciona a las mil maravillas como entretenimiento, y es perfecta en ese plano, parece exagerado definirla como una obra maestra del cine con mayúsculas, puesto que son dos horas que pasan volando pero nuestra vida continúa exactamente igual, como si hubiésemos dedicado ese tiempo a cualquier otra dulzura, ya fuera una conversación agradable o un paseo por el parque. 

Las comparaciones son odiosas con otro drama judicial del mismo año, 12 hombres sin piedad, que supera a la cinta de Wilder no solo por su simplicidad tan pura (una docena de personas encerradas juntas), sino porque resulta un trampolín a la reflexión.

 En cambio, los diálogos de Testigo de cargo son también inteligentes, pero se vacían en sí mismos, no llevan a nada más que a tristezas o alegrías momentáneas. No se me ocurre cómo podrían cambiar la concepción de alguien sobre cualquier cosa.

El protagonista aquí, un exitoso abogado interpretado por Charles Laughton, es uno de esos extraños seres, como el doctor House, que hacen tan bien su trabajo como para situarse por encima del bien y del mal, así que nadie parece odiarle pese a su forma de actuar, que en condiciones normales terminaría en una piedra directa a su cabeza y bailaré sobre tu tumba.

Del mismo modo, parece que para mucha gente algunos iconos del cine, como pueden ser este director, o unos hermanos Marx que en la realidad no superan comparación con obras más recientes y nada ensalzadas del estilo de Aterriza como Puedas, estén por encima del bien o del mal. Pero creo que, siendo honestos, son tan claras las virtudes, razones de su espectacular éxito, como sus limitaciones.

Wilder logró una tragicomedia eterna sobre un hombre sospechoso de asesinar a una anciana, una obra que pasarán más años y conseguirá siempre lo que se propone, divertir, pero aún a pesar de algunas escenas memorables, me ha durado lo que dura, después a otra cosa sin efectos secundarios. Cuando el final de la película definitiva será, en realidad, un nuevo comienzo.

De todos modos, resulta otra obra notable que añadir a una larga lista, entre ellas la romántica El Apartamento o la periodística Primera Plana.


NOTA: 8


martes, 27 de febrero de 2018

El Maquinista


Película
Título: El Maquinista

Duración: 141 minutos
Año: 2004
Director: Brad Anderson

Sin entrar en demasiados detalles, considero a El Maquinista como una de las películas en las que mejor se ha retratado la paranoia. 

Pero para empezar, unas definiciones. Llamo inteligencia al adaptarse a algo. Por ejemplo, inteligencia social sería saber tratar con los demás, entendiendo sus motivaciones, necesidades y forma de comportarse. Así, se acompasa lo propio con lo ajeno y terminan por lograrse los fines de unos y otros sin tropiezos ni grandes disputas. 

El político más idiota será el que nos lleve a la guerra, civil o internacional. No ya solo por las obvias (y gigantescas) pérdidas que conllevan, sino por ese rancio todos contra todos, todos chocando y restándose entre sí en vez de sumarse.

 De igual modo, en el plano artístico denominaría inteligencia a la capacidad de moverse como pez en el agua entre lienzos, componiendo líneas de texto o interpretando, como si fuese el violín una extensión de uno, tanto de sus brazos como de su alma.



Tráiler de la película

Y a pesar de la estupidez, considero que el contrario geométrico, perfecto, de la inteligencia se encuentra solo en la demencia más estricta. Porque un tonto es poco listo, pero siempre algo. También se defiende y utiliza sus recursos,  solo que tiene pocos. 

Un loco, en cambio, es pirómano de sí mismo, anti-intuitivo y anti-inteligente. Tirará sus virtudes por la borda hasta que no le queden más que defectos. Uno está en mala posición, otro corre desbocado y marcha atrás.

 Siempre existirán diferencias entre el mundo que percibe una persona y el que advierten las demás. De hecho, ahí descansa la tragedia de lo humano. Ser increíblemente avanzados con respecto a un simio o una mota de polvo; pero nunca definitivos, como puente a medio camino entre la nulidad y lo que solo somos quienes de soñar. Aptos para la sabiduría, incapaces de alcanzar la verdadera, solo ésta fragmentaria y a dura penas que tengo, aprendiendo unas cosas mientras se olvidan otras.

El ser humano es como aquel atleta que queda segundo por unas centésimas en la gran final, y solo son centésimas las que le separan de la gloria, pero son, y cuanto más se piensan más grandes se vuelven, recordemos la paradoja de Aquiles y la tortuga.

Infinitas centésimas que significan el SÍ y el NO, la victoria y la derrota para toda la eternidad. Y pierde más el segundo corredor que quien alcanzó la línea de meta de penúltimo, cuando ya se habían marchado todos y nadie miraba, los que colaboraron repartiendo aguas o el simple decorado.

 En suma, lo humano resiste como puede, chapoteando en un lodazal de imperfección y miopía, y cuando su divergencia con respecto a lo verdadero alcanza cotas máximas llegamos a la esquizofrenia.

El protagonista de esta cinta, protagonizado por un Christian Bale soberbio y decrépito, vive en la penumbra, y solo podemos entender su existencia a partir de dos senderos que se bifurcan, cada vez más contradictorios entre sí: lo que él vive y lo que los demás le ven vivir. 

Así que su cuerpo malgastado y enfermo no le supone un problema, y está confuso, muy confuso, tanto que por el momento solo sabe culpar de su propio desconcierto a las conspiraciones de otros. Uno, mientras discurren los minutos de la película, lo intuye. Temes que su protagonista llegue al borde del precipicio, y entendiendo peñascos por nubarrones y nubarrones por peñascos, siga caminando. 

Mientras que quien sufre su propia desgracia asegura estar bien, el espectador la sufre toda la cinta, porque, a la manera de un cuadro cubista, admira superpuestas la realidad que ocurre, la que Trevor piensa que es y el pasado lejano. Así que terminamos confusos, sin conocer trazos firmes que separaren unas de otras, dudando si no fue todo la pesadilla de un hombre atormentado que no puede dormir. 

NOTA: 8,3

martes, 6 de febrero de 2018

Las vidas posibles de Mr. Nobody


Película
Título: Las vidas posibles de Mr. Nobody
Duración: 141 minutos
Director: Jaco Van Dormael
Año: 2009

A veces ocurre: escribes un análisis cualquiera y estás poniendo a la película a parir, luego le cascas un notable. También al revés: todo son bondades y al final tiene suerte si llega al aprobado. 

Las vidas posibles de Mr. Nobody, al aunar su evidente calidad con lo pretencioso, cae en el primer saco. La cinta de Van Dormael repasa la existencia de un sujeto llamado Nemo/ Nobody, desde su nacimiento (en este caso, incluso desde antes de él) hasta su muerte. Y repite un error bastante común en su género, que es pensar que el 80% de la vida de una persona se reduce al amor y sus relaciones amorosas.

Como es lógico, éstas o incluso (quizás más interesante todavía) la ausencia de ellas ocuparán un lugar importante, debido al fuerte impacto emocional que provocan, pero soy de la opinión de que si quieres tratar a alguien en profundidad deberías hablarnos también de sus aficiones, miedos, carencias, sueños, etc. Sobre todo si cuentas con más de dos horas, claro.

En este caso, el protagonista, Mr. Nobody, parece más que nada un lienzo en blanco sobre el que ocurren cosas, las cuales determinarán su personalidad. Tendrá como punto de partida unos comportamientos comunes, exceptuando lo de puedo ver el futuro bla bla bla y lo puramente cinematográfico, puesto que las personas que no viven en películas eligen si se marchan o no con su madre antes de la arrancada del tren que los separará por siempre.

 El señor Nobody estará loquísimo (si se junta con una novia inestable), sufrirá del hastío del triunfador (tras conseguirlo todo en esta vida), o experimentará las llamaradas de la pasión (en caso de darse muy determinadas circunstancias). 

A lo largo de la cinta, no anhela nada en especial ni se esfuerza a largo plazo por cualquier cosa que no sea lo obvio: la persona amada, el desahogo económico o el bien de sus padres, dificultando que sintamos alguna empatía pequeñita por él.

No es tanto un personaje como el simple reflejo de los días vividos sobre el rostro de Jared Leto, olvidando lo cóncavos que somos; que todos partimos de unas características y potencialidades muy determinadas e independientemente de lo que nos pase cargaremos a la espalda y hasta la tumba vicios innatos. En esta vida podemos elegirlo todo menos a nosotros mismos (así que lo que toca es aguantarse sea como sea y querernos, claro).

Debilidades, y también fortalezas que nos hacen quienes somos, arda el sol o caigan los diluvios que quieran. Todo ello sin mencionar que no solo evolucionamos tras la acción exterior, sino a partir de reflexiones internas desligadas de la realidad. 

Porque sí, se llama Nobody, pero se entiende que el apodo intenta ser una manifestación de la paradoja de que puedan coexistir vidas paralelas del mismo ser humano. Personalmente asumo que si Nemo no fuese neutro la película ganaría tanto en emotividad como en mensaje, puesto que, precisamente, sería más humano.


Tráiler de la película


Ahí está el problema: el mensaje. Las posibles vidas de Mr. Nobody parece por momentos una sucesión de videoclips de la Mtv, acumulándose cabriolas y contorsiones para atontar en el primer visionado y hacernos sentir inteligentes en el segundo, sin razón alguna para ello. 

Porque tanta vuelta de tuerca, dos horas largas para no llegar a más conclusiones que un capítulo de Rick y Morty. Recuerda a Blade Runner 2049: una cinta bellísima a nivel visual pero que comete la desfachatez de creerse inteligente por basarse en un tema complejo. 

Pero no: que una película trate los universos paralelos, la clonación humana o la teoría de cuerdas no impide que pueda ser más básica conceptualmente que una historieta basada en cuatro cuñaos borrachos cantando en un bar. Puesto que la dificultad no está tanto en escoger un asunto sino en desarrollarlo de una manera afortunada y profunda de veras.

Pondré un ejemplo: otra película que repasa la vida, como es Forest Gump, con sus cosas malas y buenas, no pecaba tanto ni de centrarse exclusivamente en las relaciones ni de carecer de mensaje. Y espero no ser el único al que, Big crunchs, vidas paralelas, coches ardiendo y demás boutades aparte, aquella le parece más original y única que ésta. ¡Teniente Daaaaan!

NOTA: 7,4

jueves, 1 de febrero de 2018

The Disaster Artist y la humanidad


Película

Título: The Disaster Artist (sin traducir)
Director: James Franco

Duración: 106 minutos
Año: 2017


Hace unos meses, os traía The Room, considerada una de las peores películas de la historia. Pero el asunto no se queda ahí, puesto que James Franco ha dirigido otra, The Disaster Artist, que reconstruye aquel monstruoso rodaje. 

 Las anécdotas, bromas espontáneas y demás se me han olvidado ya, después de tantas semanas con esta página aparcada a un lado; así que hoy solo voy a pediros un ratito para reflexionar sobre la eterna humanidad de Tommy Wisseau. 

Él y Greg Sestero representan dos tipologías distintas de gente que no triunfará jamás (al final lo consiguen, y es precisamente el milagro lo que les convierte en noticia). Sin poseer ninguno de los dos una fina hebra de talento interpretativo, el primero no se esfuerza en disimularlo; al segundo su consciente pequeñez le ha hecho tímido.

Pero hay algo con lo que Hollywood, y tampoco esta vida tan perra, no contaban: los bolsillos llenos de billetes de Wiseau. Y su insistencia tan al borde de la idiotez. Wiseau es paciente como un borrico empujando un muro a ver si abren. Así que, cuando le dijeron que no triunfaría ni en un millón de años, su contestación solo podía ser: "¿y después de eso?"

Un tipo que se cree culto por leer a Shakespeare, sin hacer más méritos; y piensa que actuar con dramatismo es gritar fuerte ahora, y después más fuerte todavía. Porque Wiseau sobreactúa en todo momento, no solo frente a cámara: cuando su mejor amigo le confiesa que se marcha a vivir con su nueva novia, y gime y padece que ni Cristo traicionado por Judas; cuando pide un baño para él solo en el set de rodaje, creyéndose poco menos que Santa Madonna.

Wiseau, un tipo que escupe con insolencia sobre cualquier manifestación del arte; pero al mismo tiempo encarna esa estupidez tan dulce que todos somos de pequeños, unos más y otros menos, esa existencia puramente narcisista, vivir tan atrapado en uno mismo y sus percepciones subjetivas como para no ver el precipicio bajo nuestros pies.


Tráiler de la película

Las sucesivas caídas te acercan a la edad adulta y te hacen más precavido. ¿Es la actitud correcta, en realidad? ¡Pues claro! No es muy recomendable irte a vivir muy lejos con un señor mayor que no sabes de dónde saca el dinero y sufre de sueños mesiánicos extraños.

Pero, a pesar de todo, qué alegría saborear la pirueta como una piruleta de estos tipos que compraron todas las papeletas para el Armagedón y les llegó la paz. Pura chiripa.

Así que Wiseau encarna el deseo desesperado que conservamos muchos por ser los reyes del mambo, sin apenas esfuerzo y habiéndolos mejores, porque sí, porque yo lo valgo y yo lo quiero. A los 48 años no había salido todavía del vientre de su madre, y pensaba que tendría siempre todo a su alcance. Por supuesto, también la fama y el prestigio. 

Suerte tuvo que consiguió popularidad, aún a costa de convertirse en el hazmereír de miles de personas. En cualquier caso, que le quiten lo bailao: ahora él ríe el último vendiendo gallumbos y camisetas serigrafiadas "Whyyy Lisa, whyyyy" a quince pavos en su página de Internet.

Y sobre James Franco, pues que ha conseguido demostrarnos lo pequeñísimos que somos los seres humanos: egoístas, infames, malvados, idiotas. Y hermosos, enternecedores: si no, alguna deidad nos habría aplastado ya con un solo dedo.

 En definitiva: The Disaster Artist es una película sin grandes pretensiones pero tan humana como el Quijote. Tan humana que dan ganas de abrazarla. Así que, gente, no dejéis de luchar por vuestros sueños, aunque solo sea un poco, antes de ir a dormir. Eso sí: no miréis directamente a cámara. Queda fatal. 

NOTA: 8,9


martes, 26 de diciembre de 2017

Obras maestras navideñas: El Apartamento


Película
Título: El Apartamento
Duración: Dos horas

Año: 1960
Director: Billy Wilder
Género: Tragicomedia, comedia romántica

(Ésta es una película navideña porque se ambienta en esta época, no porque salga Papá Noel volando)
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El Apartamento está considerado como una de las mejores comedias de la historia, aunque destaque por mucho más que provocar risas. No vive obsesionado con ello, como una Scary Movie  o un tebeo de Mortadelo y Filemón con gags en cada viñeta.

El centro de gravedad es un guión solidísimo y sorprendente, así que todo resulta más o menos igual de impredecible que la vida misma. La trama ha sido estructurada de tal manera que surgió una película tranquila en la que siempre está pasando algo.

Esto no es contradictorio, es maravilloso. Existen películas nerviosas pero lentas, con tiroteos que no llevan a nada o palabras que tampoco dicen. Y filmes acelerados; despeñándose personajes, subtramas y secuencias enteras acantilado abajo.

Aquí todo está al punto, pasa cuando tiene que pasar; y eso que ocurre son pequeños detalles, pero se intuyen más relevantes que un estallido en la estación espacial internacional de otra película. Conseguir que nos preocupemos por lo más pequeño, ya sea los restos en un sofá o la manera correcta de preparar espaguetis, es un logro enorme, solo al alcance de los mayores maestros.

¿Cuál es el asunto? "Respetables hombres casados" necesitan un lugar indicado para culminar los encuentros con sus amantes, y un pringado de oficina les facilita su apartamento. Destaco aquí la amplitud: tanto situaciones como lugares se aproximan a infinito, dándoles un sabor "kafkiano" interesante.

Es interminable la sucursal, así que las probabilidades de ascender en ella resultan más bien escasas. 
Para lograrlo, el protagonista se mete en un buen lío de jefes, subjefes y llaves que tampoco parece  tener fin. Y cuando le carcome el desamor, se sienta a un banco tan extenso que apenas cabe en el plano, por lo que el cámara se ve obligado a distanciarnos de un diminuto, vencido y solitario trepa de oficina.

Por otro lado, me pasa una cosa rara con esta película, lo cual ya me ocurrió con Michel Houellebecq, y es que no sé muy bien cuándo critica al machismo y cuándo es machista ella. Así, la señorita Kubelik le dice al "antagonista" principal de la cinta, con quien tiene la misma química que tío y sobrina: "-Olvidas que tengo una cita? (con otro)"; a lo que él contesta "-¿Olvidas que te quiero?".Y la rapta, poco menos. 

Él ejerce labores de villano, pero es que el protagonista, con quien suponemos que aparece reflejado el "hombre corriente" no es mucho menos incisivo, y consigue quedar con ella gracias a esa misma insistencia. Cuando la fiesta en la oficina, a pesar de no existir todavía confianza ninguna entre ambos, la agarra del brazo porque sí. 

Obviamente, no llega al nivel de los jefecitos con mano desencajada del cuerpo, que le tocan el culo sin disimular, puesto que para ellos las ascensoristas son cosas, como los ascensores, les miras las caderas y mientras te suben a la planta decimonovena.


Una de las escenas más características de El Apartamento

Ésta, reconozcámoslo, es una película en la que por norma general los hombres son pesados, aprovechados y más o menos insensibles; y las mujeres viven desesperadas por ayuda, o sea, al borde de la muerte.

No sé si la mayor representación de esto se da en Kubelik casi suicidándose o aquella mujer con marido en Cuba que habla raro, pongamos, como Rajoy: "Eshtoy shintiendo eshcalofríosh sholo de pensharlo (...); no sheas tan apashionadoooo"; deseando abalanzarse sobre el primer hombre que pase con un sombrero en la cabeza, igual que se tiran las botellas de leche en el contenedor de envases y plásticos.

Por su parte, el gran actor Jack Lemmon, en su papel de pringadete, sufre un poco (no descaradamente) "la paradoja del actor guapo". El nombre me lo acabo de inventar, el fenómeno me parece muy común. Esto resulta de la convergencia de que la gente que ha fracasado tiende a ser fea o a aparentar fealdad; y los actores protagonistas de grandes producciones tienden a ser guapos; entonces, cuando haces una película protagonizada por un "looser", es inevitable el choque de trenes. 

Esto, que es aquí un comentario como cualquier otro, alcanza cotas de sinsentido en otros intentos cinematográficos, donde la representación de alguien "feo" es un supermodelo con gafas y brackets. A su vez, los malos suelen ser interpretados por actores menos agraciados, así que el triángulo amoroso de El Apartamento; disputándose el ángulo femenino un hombre joven, bueno y guapo y otro más viejo, serio, malo y feo; le parecerá a mucha gente un nudo demasiado fácil de desenmarañar.

No puedo terminar este análisis sin dejar de mencionar al cuñado de la señorita Kubelik, que entra así en casas ajenas: "Hola, soy un señor cabreado, doy golpes a la gente y me molestan cosas". Éste dispara y ni siquiera pregunta después, dudo que conozca el signo de interrogación. 

Me está quedando muy crítico esto. Ya elaboré en su momento una reseña de otra película de este fantástico director, Primera Plana, más graciosa que ésta, pero considero a El Apartamento mejor, más profunda, con una historia que interpretaré como Unamuno interpretó a El Quijote: a través del poder transformador del amor, que nos mueve a la eternidad.

Porque Baxter era un tramposo, un rata que solo a la luz de un enamoramiento desatado vio las llagas que se estaba haciendo en el alma, y emprendió un viaje interior para hacerse digno de quererse y ser querido.

En resumen: el amor consiguió que un muerto en vida brindara por ella y más allá de ella. Así que Baxter, el antaño sucio e inexistente Baxter, se ha hecho eterno en nuestras pantallas, y eternamente dice NO a la llave del baño de encargados, y se queda la otra, que es la de su dignidad, el reino de los cielos, el corazón de la señorita Kubelik, la libertad o como queráis llamarlo vosotros, que aún mirando la misma película no miráis la misma película que yo, porque entre planos también nos observamos un poco a nosotros mismos. De eso trata el arte.

NOTA: 8,5

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Terminator 2: para qué hablar si puedes pegar tiros



Película
Título: Terminator 2
Año: 1991
Duración: 2 horas 17 minutos
Director: James Cameron

Hablar de Terminator 2, entrega mejor valorada de la saga Terminator, es hacerlo de americanos. Pero a eso volveré más tarde.

Para empezar, quiero abrir un pequeño paréntesis sobre un aspecto que espero dejar zanjado, y así después obviarlo:el guión de cualquier película comercial que trate los viajes en el tiempo va a tropezarse, inevitablemente, con inconsistencias. 

Eso ya sin mencionar el tema de los múltiples universos paralelos que se generarían al trastear con esta cuarta dimensión, y todas las consecuencias nihilistas en las que terminaría derivando el asunto (cualquier cosa ocurre en algún universo paralelo, nada importa, somos insignificantes), estilo Rick y Morty.

Por tanto el problema, tanto de esta clara imposibilidad física (suelo decir: un día la Ciencia podría conseguirlo todo, menos viajar en el tiempo), como de la forma de ejecutarse en la cinta, lo dejamos de lado. 

Como también voy a pasar por alto el racismo con los hispanos: los únicos latinoamericanos que aparecen en la película viven en un lugar resumible en quince palabras o menos; alcohol (no tardan ni un minuto en sacarlo), armas, bebés, arena, estercolero, todo hecho una mierda en medio de la nada.

Un poco tonto también que precisamente gente tan lista se equivoque así en las fechas para la ciencia ficción. No sé si es que las sitúan cerca para asustarnos o por márketing, pero según el argumento de esta saga estamos a una década de la rebelión, id comprando latas de conserva para el búnker, pero sobre todo recordad: 2001: Una Odisea en el Espacio. ¡2001!

Por no mencionar que un creado (los robots y la tecnología) no va a superar intelectualmente y por que sí a su Dios (los humanos) de un día para otro, y encima intentar exterminarnos. ¿O es que a alguien se le ocurrió programarles como pura maldad?

 Quiero decir, le veo sentido a Yo, robot, una sociedad en la que conviven seres humanos y máquinas cada vez más avanzadas, hasta que su "acuerdo" se rompe, pero no es algo de la noche a la mañana, sin poder hacer nada ni prevenirlo siquiera... Es como si diéramos por hecho que todos los científicos son unos gilipollas como el Doctor Bacterio.

Otra cosa absurda: si tan importante era proteger a aquel chavalín... ¿Por qué participa en todas las misiones peligrosas? Es obvio que lo mejor sería esconderle, pero tiene que aparecer en primerísima línea de fuego, como buen general del siglo XVIII, simplemente para que los espectadores puedan verlo. Por el bien del espectáculo. Prosigamos.

Dos actuaciones principales


 La cinta es protagonizada por el mítico Schwarzenegger. Seguramente, el verdadero artista sea aquel capaz de enfrentarse a escenarios y estilos muy diferentes; pero resulta innegable que el exculturista austríaco queda perfecto para el papel de ser biónico musculado, un poco humano pero sin pasarse. 

El otro actor protagonista, Fulong, interpreta al jovencísimo Connor, futuro líder de la Resistencia. Es uno de esos niños-triunfo meteóricos, a los que el mundo del espectáculo dio fama y riqueza, para quitárselas después. Rápido, rápido encontró las drogas para gastarlo y desgastarlo todo. 

Quizás, como aquel Joselito, Fulong sintió la amargura de que lo que le había hecho triunfar, en este caso su rostro de mozalbete travieso y simpático a lo Bart Simpson, ya no estaba ni volvería nunca. La MTV, surfista de modas, le entregó un premio por su interpretación en Terminator 2, lo más destacado de ella había sido su flequillo. 

Que no se me malinterprete, hace un buen (creíble) papel, pero que le premiaran por él parece un acto de oportunismo por parte de la cadena, frente a una exitosa estrella juvenil por aquel entonces. ¡Aprovecharos, mientras no cae!

Si ahora, más o menos olvidado, más o menos desenganchado de las drogas, completase una actuación muy superior a aquella, ni le invitarían a una gala, salvo que por milagro divino recuperase el tirón mediático, lo cual es improbable.

Quizás opines que una película basada en algo tan profundo como una futura rebelión tecnológica, está desaprovechada si no incluye alguna parte reflexiva, entre tiro de escopeta y tiro de escopeta. Pero es que por ahí no van los tiros, valga la redundancia: lo último que Terminator quiere es que pienses. Antes de que pienses, te mata. Antes de que pienses, se acaba la película.

Porque sí, éste es un ejemplo incuestionable de cine de entretenimiento, la perfecta cinta de acción maniqueísta (hola, estos son los malos, estos son los buenos, vamos a batallar), con el perfecto malvado sin maldad. Porque el bot T-1000, muy lejos de cualquier atisbo de libre albedrío, simplemente hace lo que es y es lo que hace. Tan villano como el iceberg de aquella otra célebre película de James Cameron.

¿Es un villano el Joker? Sí, porque podría estar en casa tranquilamente, jugando a las cartas con Harley Quinn, pero por alguna razón ha preferido envenenar a un juez. Que conste que esto lo digo como una simple observación; no es algo que empeore la película el saber que T-1000 está más cerca, no ya del repartidor de pizza (un "mandado"), sino del volcán, una ola de calor o la gripe por la que quizás estés pasando ahora, querido/a lector/a, que del Doctor Octopus o Bárcenas.

Los americanos


Hay un "fallo" en esta cinta que considero el más grave de todos, pues conlleva ideología, es que en pleno siglo XX, cuando se desarrolla la acción, la Tierra está bien llena de eso, humanos. ¿Por qué no hablar entre nosotros, o con los dirigentes militares y políticos, para entre todos encontrar una solución al problema? 

Podrían ser miles de millones de humanos y un Terminator contra otro Terminator, y salvarnos a todos; pero no, mejor liarse a porrazos un robot, una madre y su hijo contra todo cristo. Ya no es "venceréis, pero no convenceréis", mucho mejor "prefiero vencer (atropellar, bombardear, disparar, etc. a un robot prácticamente indestructible por todo el país, aunque quizás me mate) que convencer (hablar con otra gente).

Donde esté una "familia" con armas, que se quite el resto. Qué pensamiento tan genuinamente americano. Entremos sin avisar y furtivamente en una empresa de altísima seguridad, total, ¡qué puede salir mal! 

Como una apisonadora, se llevan todo por delante. Sin matar a nadie, que queda feo. Pero, en caso de que el tropel de apalizados cuente con el sacrificio y la calidad necesarios, EE.UU tiene asegurado su equipo paralímpico por décadas. 

¿Era necesario tirar bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki? ¿No se podían hacer las cosas de otro modo? Lo más gracioso de todo es que en toda la cinta solo se intenta convencer a un personaje, en lugar de atizarlo y destrozarlo, aunque, eso sí, que son sus tradiciones y hay que respetarlas, ya lo habían atizado y destrozado con anterioridad, disparándole delante de su familia.


Y, aún después de casi asesinarlo, ¡consiguen que se ponga de su parte! ¡Y resulta clave para el triunfo final! ¡Qué maravilla! ¿Por qué no otra vez, con otra gente? Supongo que no debería sorprendernos, viniendo de un país que nació con un motín. Dios bendiga a América.




Tráiler de la remasterización 

NOTA: 7,6

Más películas comentadas


sábado, 25 de noviembre de 2017

Breaking 2: Una maratón en 1:59:59


Docuemental
Título: Breaking2
Duración: 55 minutos
Año de publicación: 2017


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Es difícil explicar el valor de Breaking2 a alguien que no practique atletismo y, por tanto, nunca se le escaparán lagrimillas de la emoción. Pero, aún así, lo intentaré. Huyendo, claro está, de conceptos científicos como el lactato, el VO2 Max o la economía de carrera. 

Uno debe aclarar en todo momento que esto de Breaking2 (es decir, un hercúleo intento de bajar de 2 horas en la maratón), no es sino una gigantesca campaña de publicidad de Nike, así como un ejemplo de que los que cortan el bacalao y por tanto ejecutan los más costosos proyectos hoy día son antes las grandes corporaciones que los estados, recordemos el caso ruso. 

A nuestros vecinos del norte parece ser que les dio un poquillo por el dopaje. Por el contrario, en este proyecto se entiende que los atletas iban limpios, pero eso no quita que no utilizaran otro tipo de trampas, por lo que la marca final de Kipchoge, 2:00:25, no se puede considerar válida federativamente hablando.

Porque no están permitido el calzado utilizado, ni las liebres intercambiables, ni correr detrás de un coche que te marca el ritmo con un puntero láser, así que estamos entre el atletismo federado y el frikismo, aunque no tanto como Justin Gatlin sancionado por dopaje corriendo delante de ventiladores gigantes, un montón de japoneses gritando su récord del mundo (menos oficial que unos gallumbos Adike). ¡Vaya celebración! ¡Sugoooooi! Que vuelva Humor Amarillo ya, por favor.


Como he reflejado ya, este documental no se trata sino de publicidad por parte de una empresa, pero de la buena oye, ojalá a alguna marca le de también por encontrar la cura de enfermedades, sería otra excelente campaña de promoción. Lovemarks les llaman. Además, es de valorar que no sean tan tontos como para restregarte por la cara sus zapatillas, sí, son muy bonitas, son parte del proyecto, pero ya está.
Los de Nike supieron "camuflarse" muy bien, sin tratar al espectador como un consumidor idiota, y logran producir algo artístico, humano e histórico.
La elección de los tres corredores que intentarían bajar de 2 horas en la maratón (recordar que el récord del mundo está en 2.02.57) parece de lo más cinematográfica, y queda muy chula en el documental, pues se trata de tres perfiles distintos que dan bastante juego.
 Por un lado, tenemos al mejor y el más veterano, la estrella Eliud Kipchoge (2.03.05). Por otro, al joven Lelisa Delisa, que ha ganado importantes maratones como Dubai y Boston, en dos ocasiones. Tengo que reconocer que me emocionó imaginar la felicidad culpable que debió sentir el atleta etíope tras su victoria y el posterior atentado, su difícil elección entre el egoísmo y la tristeza.
Aún hoy, Delisa busca asaltar del todo la gloria, superando sus 2.04.45. Por último, contamos con alguien tan interesante como Zersenay Tadese, a un abismo de ellos en maratón con sus 2.10.41, pero siendo quizás el mejor corredor de media maratón de la historia. 
Pero todos, en realidad, cuentan con muchas más semejanzas que diferencias: nacieron en la más estricta humildad. Tadese quería ser ciclista, pero no tenía dinero para una bicicleta; Kipchoge ya partía de una situación complicadísima para un niño, así que supongo que pensó "¿por qué no un poco más"? y se puso a correr.
Él, Kipchoge, es el verdadero protagonista, no solo por sus marcas, sino ya por su forma de expresarse a través de su propia vida. Este hombre tranquilo, que mantiene la calma aún al filo de la navaja, no tuvo padres, pero confiesa "nunca me he quejado y nunca me quejaré"
Es algo así como un héroe con el inestimable poder de la risa, con ella le plantó cara al diablo de la extenuación, y al entrar en meta más rápido que nunca nadie antes, pero por encima de su objetivo; al mismo tiempo destrozado y derrotado, sonrió. 
Que conste que habrá poca gente más escéptica que yo con las frases de auto-ayuda. Escucho a una proeza sobrehumana de deportista, con una calidad natural como para desplazarse a 2.40 minutos el kilómetro saludando a ambos lados sin sudar, decir que "no se corre con las piernas, se corre con el corazón", y me quedo así:
Pero te va ganando poco a poco. Es como la tortura china ésta de la gota en la cabeza, gesto humilde a gesto humilde se va dibujando la silueta de un personaje histórico, poseedor de una rareza extraña, casi divina, en este mundo de gente brillante por fuera y vacía por dentro, experta en imponerse por encima de los demás, por dichos, no por hechos. El mundo de la política, que lo ha contaminado todo, digamos.
Kipchoge ha declarado, y a estas alturas es poco menos que Jesucristo: "No puedes entrenar solo y esperar correr más rápido. Hay una fórmula. El 100% de mí no es nada en comparación con el 1% de todo el equipo". 
Ha triunfado, es uno de los mejores fondistas de la historia, pero vive humildemente con su familia, demostrando una superioridad moral apabullante al no mostrar, físicamente, ninguna. Su casa es como la de cualquier obrero. Ahí está. Es que Kipchoge, trofeos, medallas, campeonatos y todo, ES un obrero, y la maratón muy jodida. Ponte chulo que no llegas al décimo kilómetro. 
Este señor respalda mi teoría de que las experiencias de sufrimiento intenso, si no te matan, ni te traumatizan y te convierten en una sombra amarga de lo que podrías haber sido, acercan tu espíritu a algo parecido a la plenitud. Y puedes encontrar una astronomía cercana en el sabor del día a día. 
Eliud Kipchoge, sentado a la mesa con sus hijos, parece un niño pequeño, y, un rato después conversando afuera, un respetable anciano, tras las arrugas que abonaron en su rostro los años, la delgadez y el duro esfuerzo. Entonces, ¿qué es? ¿Un héroe? ¿Un obrero? Un extraterrestre nacido en la Tierra.

NOTA: 8,3


martes, 14 de noviembre de 2017

The Room: la peor película de la historia


Película
Título: The Room
Director: Tommy Wiseau
Año: 2003
Duración: 1 h 39 minutos

Los extremos se tocan. El drama peor ejecutado de la historia puede convertirse en la mayor comedia involuntaria de todos los tiempos. 

Yo venía de buscar una gran experiencia cinematográfica con Man From Earth, pero nada. Así que tocaba intentarlo por las malas, con una "trash movie"; es decir, una cinta tan absurda que puede conquistar a uno, ya sea a partir de "surfistas nazis", tiburones voladores o la caspa que surja.

Pero hoy he descubierto que incluso las obras pésimas pueden ser vencidas por las expectativas. Me esperaba The Room tan terriblemente patética, de un absurdo tan brutal, que me he sentido decepcionado. Quizás esta obra sólo consiga su mayor efecto cuando realmente esperas un drama; no un esperpento que se hizo viral.



Una de las escenas más olvidables (y recordadas)

En realidad es dificilísimo conseguir una película mala. Lo fácil es hacer algo mediocre, repetitivo. Que sí, The Room es ridícula, pero creo que yo lo podría hacer peor. No sé si peco de orgulloso. Aquí abajo la tenéis, para los más atrevidos/as. De pena. Digo, de nada.

Decía antes que los extremos se tocan: fracasó tanto el bueno de Tommy Wiseau, (principal culpable de este despropósito; como su director, productor y actor principal), que consiguió multitud de vídeos parodia en You Tube, festivales en su honor, quedadas de amigos para verla que debían beber ron-cola si reían, e incluso una película autobiográfica protagonizada por James Franco, The Disaster Artist, que aún no ha sido estrenado en España (para el 29 de diciembre) pero parece bastante buena. Buena de veras, me refiero.



La película, completa y subtitulada


Wiseau consiguió 6 millones para el presupuesto de ésta su "ópera prima" vendiendo chaquetas de cuero, y las malas lenguas, visto que casi toda la película transcurre en el escenario de una simple casa, afirman, no sé si en broma o en serio, que se lo gastó en drogas.

Algo poseído debía estar el hombre para rodar una película que ya en su primera media hora incluye 3 eternas escenas de soft-porn barato (con candelabros, rosas tiradas por la cama, vestidos rojos y  un camastro directamente extraído de las Mil y Una Noches). Cutre e insustancial.



Un remix "musical"

Pero es que los personajes ya no es que sean cutres, es que claman al cielo, sobre todo las dos mujeres protagonistas, madre e hija, ambas egoístas y malvadas hasta la médula, tanto que no son ni creíbles. 

Da la sensación de que Wiseau odia tanto a las féminas que intentó mostrar la existencia en el mundo de mujeres malas (que obviamente, claro que las hay) y les salieron con cuernos, rabo y tridente. 

Desde la madre materialista mala pécora que sólo piensa en su cuenta corriente y tiene cáncer como quien pierde un zapato, sin que aporte nada al suceder de la historia ni le importe a nadie (¿?); hasta su hija, la novia, Lisa, que no es que le ponga los cuernos a su futuro esposo, tras 7 años juntos, es que lo hace cada vez de una manera más absurda, y lo trata aún por encima con una estupidez y falta de humanidad que no se lo cree nadie. (O quizás sea yo demasiado optimista).

Pero en fin, toda la pantomima, toda la gran desfachatez de "The Room" puede describirse al profano sin problemas a partir del ladrillo que Wiseau tiene por rostro. Da el pego en los momentos calmados, aún más soso que una noche sin estrellas, pero cuando estalla el drama... Bueno, no hay ningún drama.
Al final es inevitable la conclusión de que no se debe valorar una obra artística por las intenciones, sino por qué produce en quienes las contempla. Y aunque este intento fracase estrepitosamente en todos y cada uno de los apartados en los que se trabajó, consigue ser única. Sólo una alineación muy concreta de los astros permitiría la llegada de un veneno como éste.

NOTA: 7,5

domingo, 15 de octubre de 2017

Blade Runner 2049


Película
Título: Blade Runner 2049
Duración: 163 minutos

Director: Denis Villeneuve
Música: Hans Zimmer, Benjamin Wallfish
Fotografía: Roger Deakins

Reparto: Ryan Gosling, Ana de Armas, 
Harrison Ford, Jared Leto, Sylvia Hoeks

NOTA: 8,2

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Un buen día, Philip K. Dick terminó de escribir ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, y algo más tarde el director de cine Ridley Scott alcanzó fama y fortuna con su adaptación, apodada como Blade Runner. Ésta se terminó convirtiendo, gracias al paso seguro de los años, en un clásico de la ciencia ficción. Ahora se ha estrenado su secuela, 35 años después, y claro, nunca llueve a gusto de todos. 

Ni están contentos sus creadores, que esperaban recaudar bastante más, debido a la gran inversión realizada; ni todo el público. La película es larga. ¿Demasiado? Centrémonos: para examinar Blade Runner 2049, debemos partir de la distinción entre forma y contenido. Técnicamente es muy buena, y en cuanto a lo visual en particular, prácticamente perfecta. Basta echarle un vistazo al tráiler para darse cuenta de ello. 



Tras la falta de éxito en taquilla (hay quien lo denomina fracaso, pero me parece exagerar), parte del equipo de producción ha achacado que esto ha podido deberse a la decisión de no mostrar demasiado contenido en los tráilers, y que por ello mucha gente no se animó a verla. 

La verdad es que tiene sentido. ¿Nunca os ha pasado pensar que una película parece increíble por su tráiler, y después encontrarse con que todas las escenas buenas, los chistes, la acción... todo ya lo habías visto ya y te han timado con un montón de paja? Pues eso.

A lo que íbamos: ésta podría ser una obra maestra, una cinta de las que te cambian la vida, si no fuera por su guión. De todos modos, lo seguirá haciendo si nunca viste una película de ciencia ficción en el cine, está claro. Porque a mí me marcó Star Wars II, en esas circunstancias, y ahora todo el mundo me dice que es más bien truño y yo no soy capaz de desvincularme de mis sensaciones nostálgicas como para afirmar que no es buenísima. 

Volviendo a Blade Runner 2049, no deja de resultar algo triste, digamos, que una película que parece haber sido rodada por un semidiós, sostenga sus planos con una escritura endeble de personajes que apenas transmiten nada (si mueren, qué más da). 

Afortunadamente, en el arte no se hace media. Si un disco de rock tuviera unas letras de niño pequeño, el batería fuese un aficionado, y a la guitarra la misma indecencia, pero al bajo tuviésemos al/la mejor intérprete de todos los tiempos, en estado de gracia, ¿sería un disco suspenso, prescindible y ridículo? En absoluto. Pues lo mismo ocurre aquí.

 Aunque "Blade Runner 2049" solo triunfe en un apartado, éste justifica nuestra atención durante casi tres horas. De hecho, a pesar de que la trama avanza despacio (o no hay trama que avanzar); nunca bostezas, porque te ves en la obligación de perseguir con los ojos ese mundo surrealista de grandes luces y pantallas, noches oscuras bajo soportales, desiertos furiosos casi rojos. 


Cartel de la cinta original

Lo mejor de la película son anécdotas, por así decirlo, momentos sublimes que podrían no haber ocurrido pero nos maravillan: la demostración de cómo se crean recuerdos, el nacimiento de la replicante, o ¿el mejor trío de la historia del cine, dos robots y un holograma?

No es que no se traten temas profundos, como lo que nos hace humanos o la cuestión de la libertad; sino que aparecen desarrollados de forma simple, llana y predecible. Para eso, sería mejor analizar con inteligencia un tema mucho más pequeño. 

Y no es que el guión tenga agujeros, es que te pasas la película pensando: ¿eso no ha sido demasiado casualidad?, ¿esto tiene sentido? ¿aquello era un Deus ex-machina? Quizás no lo era, pero la confianza se va perdiendo. Sales de la película. No te sumerges con el corazón, por muy abiertos que tengas los ojos.

Ya han titulado muchos así: bonito, pero sin alma. Falta pasión, sentido de la tragedia. Pero vamos, comparado con la copia barata que fue Star Wars VII, es una gran secuela.  No se puede hablar aquí de ese "no se qué" que poseen las grandes obras de arte, pero tampoco de decepción.

NOTA: 8,2

domingo, 16 de julio de 2017

Un dios salvaje


Cine
Título: Un dios salvaje
Título original: Carnage

Duración: 79 minutos
Año: 2001
Director: Roman Polanski 
Actores: Jodie Foster, Kate Winslet,
Christoph Waltz, John C.Reilly


¿Quiénes somos realmente? ¿El nosotros que va a trabajar con un traje bien planchado? ¿La pareja sonriente que saluda cuando llegan las visitas? Esta es una película de Roman Polanski basada en la obra de teatro de Yasmina Reza, a su vez basada en los impulsos que nos dominan, nos construyen y también hacen perder los nervios: ese dios salvaje que enseña los dientes en el momento que él quiera. Y no hay más.

Un dios salvaje es perfecta, no porque lo tenga todo sino porque es redonda: en presentación, nudo y desenlace. No le sobra ni le falta nada, y ofrece un mensaje desde que empieza hasta que termina. 

Cuando los créditos todavía "manchan" la pantalla, vemos a unos niños en los alrededores de su centro escolar. Tras una sucesión de pequeños empujones, uno de ellos golpea al otro con un palo, y le arranca un par de dientes. 

Este pequeño incidente nos introduce en la trama. Inmediatamente después, aparecen los padres de ambos. Han quedado en la casa de la "víctima" para intentar esclarecer lo ocurrido y buscar una manera de que los chavales, que no son unos angelitos, hagan las paces. Tampoco sus padres. Nadie está libre de pecado, aceptémoslo. Y no quiero parecer relativista: hay quien se acerca más y quién menos.



Tráiler de la película


El 90% de Un dios salvaje son cuatro personas encerradas entre las paredes de un piso del centro de Nueva York. Y sí, no digo actores, ni personajes: personas reales, con profundidad. 

Profundidad, término algo desvirtuado, no significa aquí nihilismo ni filosofía complicada, que salga Matthew McConnaughey diciendo "somos pedazos incongruentes de un trozo de tela catapultado a las ramas de un gran árbol seco" o algo así, sino que todo es creíble y espontáneo como la vida misma; y los comportamientos y actitudes tienen una explicación lógica.

Los conflictos son inevitables, al chocar personas con distinto carácter que no se esfuerzan en comprenderse; en los algo menos de ochenta minutos que dura la cinta no hay nada impostado. Es una película para todo el mundo, porque es humana, pero no para todos; porque, para empezar, habrá quien diga que no es ni una película; o critique su forma, cuando es una declaración de amor a la interpretación y también una arriesgada propuesta que entronca con su mensaje.

¿Qué tenemos? Niños al aire libre. Salvajes, sí, pero plenos. Y adultos encerrados. No sólo en una casa, sino en sus propias interpretaciones de la vida, sin darse cuenta de las carencias que poseen, o simplemente de la posibilidad de que existan visiones diferentes. Complicando acciones que podrían ser sencillas; porque las cosas no les van del todo bien, tienen complejos, sueños irrealizables, se contradicen.

Así, el personaje de John Reilly parece un hombre tranquilo que condena lo que ha pasado, pero acaba de dejar morir a un hámster, y de joven fue el líder de una pandilla. Luego descubrimos que es "un hijoputa con muy mala leche". Y el de Jodie Foster está tan bien construido, es tan vívido e increíble, que literalmente no estoy capacitado para comentarlo.

En fin, hay obras que cogen algo majestuoso y lo convierten en rutinario, y otras que transforman la rutina en maravilla. Pensadlo: cada año saldrán 100 películas tan buenas como esta, o mejores. Solo es cuestión de buscarlas. Vete al cine y viva el arte.


NOTA: 8,5



jueves, 15 de junio de 2017

La Doncella, maravilloso malabarismo coreano


Película
Título: La Doncella
Director: Park Chan- wwook
Año: 2.016
Duración: 145 minutos
Género: Thriller, romántico, comedia, drama
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En mi contra he de decir que hace casi un mes que vi esta película. Normalmente, si voy al cine y no reseño nada aquí es porque ha sido malísima. En este caso, salí a la calle y me preguntaba cómo diablos iba a comentar La doncella sin destriparla, siendo una obra tan sorprendente y que... bueno, dejemos que lo explique Juanma Rodríguez:




Pero para que nadie me abandone la página por poner un vídeo de El Chringuito, aquí os dejo el tráiler:




En fin, qué puedo deciros, es que tengo las manos atadas. No puedo seguir escribiendo porque desvelaría aspectos importantes de la trama (nada me molestaría más que menguaros la sorpresa de una película así), y tampoco quiero dedicarme a repetir palabras a lo Alfredo Duro:



En fin, otra vez me ha pasado. Desde luego, mira que es grande Internet, pero seguro que no encontraréis otra crítica como ésta. ¿Que qué tienen que ver La Doncella y Alfredo Duro? Pues en la película salen japoneses y Alfredo tiene un anime.



Espero que no os enfadéis demasiado, y en serio, tú que visitas mi página, dale una oportunidad a La Doncella que es tan entretenida como estos vídeos y además una joya de oro puro.

jueves, 18 de mayo de 2017

Your Name


Título de la película; Your Name
Director: Makoto Shinkai
Género: Animación, aventuras, romántica, aventuras
Año: 2016
Duración: 106 minutos


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En ocasiones pienso que en Japón se siente más profundamente. Una vez compré un cómic japonés de terror, y cuando por norma general "me río" de las películas de miedo europeas y americanas, apenas pude cenar esa noche tras leerlo de una tacada, como si tuviera el demonio dentro. Algo parecido me ha ocurrido al ver Your Name, una película tan romántica y emocional que puede hacerse cuesta arriba, sobre todo al espectador europeo, acostumbrado a películas mucho más superficiales.

En el apartado técnico es perfecta, tanto por su animación colorida y detallista como por la banda sonora, cuya letra bien mereció forzar un poco mis ojos algo miopes. Aquí os dejo una parte de la BSO, para que podáis comprobarlo por vosotros mismos:


Pero volviendo a lo sentimental, es una película durísima, no porque sea especialmente trágica (podríamos hacer una comparación interesante con ver Titanic, por ejemplo); sino por la forma de hacer sentir al espectador. Las frustraciones, separaciones e imposibles duelen en esta película de animación casi tanto como en la vida misma. Piensas que quizás las cosas salgan mal, y ya no puedes soportar esa duda. 

En un sentido argumental, Your Name no me ha terminado de convencer, pero en cuanto a mimo en su creación y emoción del resultado, pocas películas pueden superarla; con sus canciones, su historia de amor paranormal y fenomenal y las metáforas trascendentes de ciencia ficción. Si no lloraste o te lloraron los ojos, es que no la viste. Discusiones aparte si merece haber sido la película de animación japonesa más taquillera de la historia.

NOTA: 7,8

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miércoles, 12 de abril de 2017

2001: Una odisea del espacio



Película: 2001: Una odisea del espacio
Director: Stanley Kubrick
Año: 1968
Duración: 2 horas 40 minutos

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De repente, en los 60, Stanley Kubrick, una de las grandes mentes de aquella generación (vista su filmografía, resulta irrelevante si lo del CI de 200 era cierto o no); se volvió loco por la ciencia ficción. 

Devoró cualquier obra previa que tratara el tema, aunque estuviese destinada a los niños, algo brutal en esa época e imposible en ésta, donde yo mismo os cuelgo aquí un cuento sobre ovnis en un santiamén.

El director neoyorquino entabló amistad con Arthur C. Clarke, novelista con conocimientos de astronomía; juntos observaron el cielo nocturno en busca de seres extrasolares y, a partir de un relato breve del segundo, construyeron el guión de "2001. Odisea en el espacio"; 2001 a partir de ahora por economía del lenguaje.

No deja de parecerme algo irónico (perdonadme), el enorme error de fechado en el título del filme. Recordemos que viajan hasta Júpiter en una nave gobernada por HAL 9000, un ordenador con "sentimiento de orgullo". Algo que, aún hoy en 2017, parece bastante lejano; lo más seguro es que no lleguemos a verlo, ni tú ni yo.

Es un fallo doloroso, teniendo en cuenta que estamos, por lo demás, ante una una obra minuciosa en el sentido inhumano de la palabra, atenta al más pequeño detalle; y con un gran trabajo de investigación científica detrás. 

De hecho, "2001" se puede entender como un documental en el que Kubrick defiende su creencia, por aquel entonces, de la existencia de vida inteligente en otros planetas. Con el tiempo desesperaría y desistiría en su búsqueda. El espacio es muy grande.

Pocas obras definen la ambición suprema como ésta. Por tanto, es excelente. Por ello, no puede ser redonda. Como dijo un señor X en un foro Y: "si alguien tiene que ver el significado de una película en una página web y luego decir: caray, que buena era, es que algo falla".

De todos modos, aquí la tienes perfectamente explicada, en Jot Down. Sí, sentido tiene. Y es extremadamente ambigua, así que podría tener muchos otros; pero éste era un poco el objetivo de Kubrick, por lo que nada que objetar. El verdadero problema de la cinta es que la mayoría de espectadores  no le encuentren ninguno en absoluto.

Si pones en el buscador de Google "2001 una Odisea del espacio", sale antes el término "explicación" que "crítica" o "ver online". Se dice: "Kubrick quiso contar la historia con imágenes". Me parece un eufemismo. Más bien, al tener que elegir entre las imágenes y la historia, prefirió diez minutos de naves y estaciones espaciales flirteando que diálogos aclaratorios y guías del autoestopista galáctico. 

Y es que, en un principio, estaba previsto que la película contuviera una cantidad importante de información explicativa, pero Kubrick decidió despojarla de estos ropajes, quizás al darse cuenta de la belleza de los planos paisajísticos que había rodado, porque aquí prácticamente todo es paisaje, incluidos los actores, en general no mucho más expresivos que una brizna de hierba. HAL 9000 es el sentimental de la película.

La forma era tan buena que pensó: arranquemos el fondo. Seamos sinceros, si uno visiona esta película sin mapas, e intenta buscarle una lógica, lo más probable es que consiga cierto dolor de cabeza y un resto del todo incierto, mientras flota en el espacio. Como ese juego de la play tan complicado, que tuviste que buscar trucos para poder completarlo (¿Kingdom Hearts?)

De las casi tres horas, sólo nos han dejado media hora de diálogos, y tampoco es que sean demasiado definitorios. Eso sí: desde que salió esta película, que medio siglo después no parece vieja, cualquier intento de ciencia ficción, más aún, cualquiera que mire a las estrellas, la tendrá como ineludible referencia e influencia. Que nadie niegue este inmenso mérito.


Además, no sólo la fotografía, liberada de sombras, es de las más soberbias que hayan conformado nunca una película (incluidos los interiores de la nave); sino que la utilización del sonido (música clásica por acá, respiración angustiosa por allá) es digna de elogio. El espacio, realmente silencioso, siempre sonará a los cazas de Star Wars  y el "Así habló Zaratustra" que da comienzo a esta cinta.

Que se considere a 2001 un clásico más o menos masivo, como "El Padrino" o "Casablanca", no deja de parecerme un fenómeno curioso que refleja una era de la Humanidad. Si se estrenase hoy, sería uno de esos filmes de autor que reciben sustancioso culto pero no alcanzan los circuitos comerciales. La disfrutarían cuatro gatos, vaya.

Pero estamos en 1968. Un año antes de la llegada a la luna. Tras la Segunda Guerra Mundial, continúa la tensión con su epílogo norteamericano-soviético, y se aproxima esa Guerra de las Galaxias contra Rusia que no llegó a estallar, demos gracias al Monolito. 

Los Estados Unidos viven su revolución hippie, y aparece una "bizarrada" espacial de casi tres horas llena de secuencias oníricas como no se habían visto antes. Más de uno asistiría al cine colocado (y quizás la entendieron mejor que los sobrios).

"2001" tiene un chiste interno: ese roce entre humanos tan avanzados que son ya máquinas y una máquina tan avanzada que es ya humana, y continúa abiológicamente nuestra evolución. Lo recojo y subo a: no parece gravado por una persona. Ésta sería la película favorita de tu tostadora. Por eso tanta gente la mira y piensa: no me ha gustado, pero aún así, como quien mira a través del resquicio de una puerta entreabierta, percibo que es grandiosa.

No está hecha para humanos. Como he dicho antes, por esa época Kubrick todavía creía que los alienígenas acudirían pronto a una cita interestelar. Y sí, amigos y amigas, estoy realmente convencido que Kubrick, humano destacado, filmó esta odisea no pensando en Homero sino en una especie extrasolar intelectualmente superior a la nuestra. Por eso el extraño metraje y el desprecio de las emociones, no hay ninguna aquí. 

Pistas de ello: un astronauta le habla a su adorable hijita como si la pequeña fuese presidente del Gobierno, al que le preocupa más morirse de todos es al superordenador HAL 9000 y atentos a la sala final, alegoría de un espacio más allá del tiempo, futurista y arcaica, todo a una vez. 

Me ofende que no haya pensado en nosotros, Señor Kubrick, así que como ególatra le bajaré la nota. Pero, aunque no humano, ha pensado usted en el arte, así que la volveré a subir... 

Qué cruz a cuestas. No sé si recomendaros a vosotros que la veáis, o a la NASA que la envíe por radio al espacio exterior.

NOTA: 9,4

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