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sábado, 24 de febrero de 2018

Tom Gauld: En la cocina con Kafka



Cómic
Título: En la cocina con Kafka
Autor: Tom Gauld
Género: Tiras cómicas
Año: 2017


En la cocina con Kafka reúne un ciento de tiras cómicas que reflexionan sobre arte, vida y tecnología. El sistema tradicional (historias contadas a través de unas 4 ó 5 viñetas) es retorcido, simplificado o directamente sustituido para expresar las ideas con una simpleza pura, desprovista de cualquier elemento innecesario.

Así, aparecen inventarios y colecciones, mapas con su respectiva leyenda, dibujos a una página a los que se les añaden elementos descriptivos, parodias de pasatiempos y formatos digitales, o incluso el aprovechamiento de las matemáticas en gráficas estadísticas. El dibujo, colorista y expresivo, busca también la simplificación de las formas. 

Todo ello para tratar de forma indistinta lo trivial y lo trascendente. Fantasear posibles secuelas de Tiburón, diferenciar las intenciones de los asistentes a una manifestación o ironizar sobre la dificultad de escribir una biografía sin herir las susceptibilidades de tus seres íntimos. Estamos en la época del conocimiento en cápsulas, de los tweets. Por lo que el formato de la tira cómica queda de fábula para explicar y comprender la paradójica realidad que vivimos.

La  idea general del tomo sería cómo los avances tecnológicos han condicionado la contemplación del arte, llegando incluso a arrinconarlo.Una época llena de posibilidades de ocio (y distracción, sobre todo distracción) en la que ha perdido su lógica mandar a los niños leer un clásico, porque la gran mayoría van a verse la película o leerse el resumen de Wikipedia. El que se lo compre y le dedique horas se sentirá poco menos que un tonto que tira el tiempo. ¡Y luego suspender matemáticas, imagínate!

Un subtema recurrente es la difícil disyuntiva de la adaptación cinematográfica: por un lado, puede suponer para el escritor/a la llegada de retribuciones económicas y el acercamiento de su obra al gran público; por otro, (además de la posible existencia de discordancias con respecto al original), que el cine pueda llevar al libro a un paradójico olvido, dentro de la concepción utilitarista. Cada vez más personas lo conocerán, pero ¿qué porcentaje de ellas lo van a leer?

Quizás en lucha con esta realidad, que tan poca gente vaya a leer un libro (quince horas) cuando puede ver la película (solo dos), se haya inventado aquello de que siempre la película es peor que el libro. Algo que tiene su cierta lógica, se supone que la obra primigenia (que además, suponemos que se adapta al ser buena de por sí) va a ser superior a sus adaptaciones, normalmente meros intentos de aprovechamiento comercial. Pero tenemos el caso de Batman por ejemplo, con películas y videojuegos que han sido más alabados que la mayoría de sus cómics.




También podríamos hablar de aquellos temas que abordó Umberto Eco en su Apocalípticos e Integrados: cómo conviven en un mismo ecosistema cultural lo arriesgado y único con obras prefrabricadas pensando en el consumo masivo. Así, Gauld nos habla de una serie de factores que no son tan cruciales para la calidad final de la obra teatral o cinematográfica como para su éxito: los actores famosos, los efectos especiales, el texto abreviado o íntegro, la música de moda, los intentos experimentales, la duración...

La tecnología, en suma, ha afectado transversalmente a todos los aspectos de nuestra vida cotidiana: el dormir, el comer, la práctica deportiva, la socialización y por supuesto la contemplación artística. Tanto el contexto general como unos nuevos formatos (caso de el e-book) condicionan nuestra forma de leer libros, y por tanto la producción de ellos.

Gauld fantasea con unas píldoras cuya ingestión supondría la lectura inmediata de un clásico. Aunque no existan todavía, el paradigma actual se inscribe en la tendencia que llevaría a ellas: todo el mundo da por terminado El Quijote porque ha leído por encima adaptaciones en el colegio (hace diez o treinta años), ha sonreído con tiras gráficas que lo parodiaban o leyó algún tweet que referenciaba la obra cervantina. Todo el mundo siente que lo ha leído, pero en realidad muy pocos lo han hecho, y mucho menos los dos tomos.

Diferentes soportes condicionan distintos usos: no es lo mismo leer a partir de las hojas de un libro (que sí, puede utilizarse para equilibrar una mesa que cojea, pero teóricamente ha nacido para eso, ser leído) que hacer lo mismo en un Ipad. Además, en un libro cabe solo una obra o un número escaso de ellas, frente al inmenso poder para el almacenaje de lo informático.

Aunque La cocina con Kafka es en realidad el título de una sola de las tiras, no desentona para el conjunto, puesto que muchas de ellas hablan precisamente del proceso de cocción de una obra literaria.

El lector se encuentra con una obra concreta, finalizada, de un sentido y dirección. Pero en la mente del autor/a se hallaban superpuestas varias opciones diferentes y contradictorias hasta que tomó la decisión final. Aquí nos encontramos con una escritora preguntándose si un chiste es bueno o no, o con Herman Melville decidiendo el título de su más famosa obra.

Gauld nos habla de una sociedad en el que la información general es tan democrática como superficial: políticos manipulando los hechos a su favor a través de la fuerza y maleabilidad de la palabra; la atención prestada más a quién hace las obras que a las obras en sí, cuando debería ser al revés. Hoy, casi cualquiera te puede hablar de Reverte por ejemplo, pero de sus obras, ¿quién?

También le ha sido concedido su espacio al estilo del periódico digital, que por una simple razón (que sus usuarios lo premien en lugar de castigarlo) viven de la espectacularización, para sobrevivir en la encarnizada lucha por llamar la atención de un espectador fragmentado, cuando no sonámbulo.

La última tira cómica, "El libro gracioso" parece apelar a una diferenciación entre el disfrute artístico (que debería ser personal y solitario) y la reflexión posterior, edificadora en compañía. Pero actualmente parece haberse roto esta dicotomía, y ya en un mitin político la acción paralela en redes sociales (comentarios de aspectos que normalmente quedarían en anecdóticos) se erige como tan real como el debate en sí mismo. Y eso define a este siglo: la confusión entre realidad y ficción.

NOTA: 8


lunes, 18 de septiembre de 2017

Alan Moore: V de Vendetta


Cómic
Título: V de Vendetta
Autores: Alan Moore (guión), David Lloyd (dibujo)
Año: 1982- 1988
Número de páginas: 288

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Está más claro que el agua que V de Vendetta es la obra más carismática de Alan Moore. 30 años después, ¿quién no se ha encontrado con la célebre máscara antisistema de su protagonista en alguna manifestación? Lo cual no deja de resultar paradójico, porque lo que ha hecho quien la lleva puesta es pagarle a una multinacional, DC Comics. 

Este cómic fue publicado por Vertigo, que es algo así como la división más adulta del grupo DC, con obras desaconsejadas para públicos menores, caso de Una historia violenta o Predicador, que ya cuenta con una adaptación para HBO.

A lo que iba, ¿qué esconde V de Vendetta? ¿Descansa al otro lado de la careta una obra maestra del cómic? Desde la pura opinión personal, creo que el legendario autor alcanzó cumbres más altas con Watchmen, ya desde los personajes. Allí había más gallos de los que cabían en el corral, aquí tenemos a V rodeado de seres grises. Un mundo de locos. Ese líder enamorado de un ordenador con el que vigilar y gobernar el mundo. Ese agente de la ley que, muy lejos de salvar a nadie, es un peligro para su propia esposa.


Portada del cómic

La historia se divide en tres arcos que muestran una evolución perfecta, hasta cerrar el círculo. Todo en sintonía con el "eslogan" de la obra, ya presente en la contraportada: "¿pensaba matarme? No queda carne ni sangre que matar bajo esta capa. Solo hay una idea. Las ideas son a prueba de balas".

¿Que quién es V? ¿Nunca se sabe? ¡Claro que lo sabemos! Tú, que acabas de cerrar este cómic una vez terminado, podrías serlo. Puede haber miles de V´s, sin contradicción. Eso sí, volvemos a lo del principio: no se trata de llevar una careta, y una vez esté bien sujeta, bajar los brazos. No es algo que se compre en las tiendas.


Es V, primero, quien busque la cultura. Porque en primera instancia, V es eso. No es un Hulk o La Cosa, que han nacido expresamente para repartir puñetazos. Todo parte de un plan medido, y ese plan se basa en el conocimiento. Durante la obra de Alan Moore son nombrados hasta los Rolling Stones

Y, después, la segunda criba: quien no se haya convertido en un pasivo "borrego",y utilice lo aprendido para castigar a injusticia en la tierra. Supongo que es eso lo que quería transmitir Moore: la atronadora importancia de todas las personas, porque cualquiera de ellas, impulsada por un ideal, puede cambiar las reglas del juego y cambiar las vidas de todos.


Y todo aparece, cómo no, tras las sombrías y desdibujadas viñetas de David Lloyd, que vuelve si cabe aún más grotescas, cuando no surrealistas, las escenas de la obra. Un tipo disfrazado de Guy Fawkes recorre la Inglaterra de un futuro que ya ha pasado (está ambientada a finales del siglo XX) y atemoriza los cimientos de aquella sociedad opresiva, que aniquila bajo el yugo de un partido llamado Fuego Nórdico. Su símbolo es una N. Para la próxima, un estudio de la pérdida de imagen de la firma de deportes New Balance por culpa de este cómic. 


NOTA: 8,7

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Fotografías extraídas de Photopin, créditos:

 FOTO 1  Autor: Oneras 
Título: V

FOTO 3 Autor: Jonathan Rashad 
Título: V spotted outside Maspero

FOTO 4 Autor: Jonathan Rashad 
Título:V in Tahrir

sábado, 5 de agosto de 2017

Alan Moore: La broma asesina



Cómic
Título: La broma asesina (The Killing Joke)
Autores: Alan Moore (guión), Brian Bolland (dibujo)
Número de páginas: 46
Año: 1988

Está muy de moda criticar a los prejuicios. Se he extendido la idea de que son malos. Esto, según yo lo veo, es un prejuicio sobre los prejuicios, cuando son herramientas inevitables para poder explicarnos a nosotros mismos y a los demás la realidad tan compleja en la que nos tocó vivir. Y luego los habrá acertados y desacertados, positivos y negativos, por supuesto.

Que sí, que la definición de la RAE es "juzgar una cosa o a una persona antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellas cabal conocimiento", es decir, opinar sobre algo antes de contar con la información suficiente. Partiendo de esta base, todo prejuicio sería un grave error. La cuestión es, ¿cuándo tienes información suficiente sobre cualquier cosa? 

Siempre hay que efectuar un salto de fe. Incluso la ciencia de la estadística está sometida a los márgenes de error, precisamente se basa en no analizar el todo (imposible) sino una muestra reducida y lo más representativa posible.

En otras palabras, ¿cuántas canciones de Justin Bieber tienes que escuchar para concluir que es un músico comercial de nula relevancia artística? ¿Basta con que analices sus públicos, las críticas de los discos que ha sacado al mercado, los artistas con los que se relaciona, su forma de actuar? ¿Estás obligado a leer todos los libros de un escritor y su corriente literaria para poder comentar uno solo de ellos, conociendo así el verdadero valor de la obra? Por razones obvias, en gran parte de los medios de comunicación no habrán leído ni el libro que están comentando, pero ésa es otra historia.

En fin: que el título de esta entrada parte de un prejuicio (éste me parece de los malos) con el cómic en general y el de superhéroes en particular. Ese prejuicio que hace que tanta gente ya se refiera a ellos como 'novela gráfica'. Imaginaos que el cine estuviese tan minusvalorado que a las películas se les llamase 'música escenificada', o 'novela interpretada'. Como el medio ha sido despreciado históricamente, le colocamos al lado la referencia a un arte entendido como superior. 

Alguien dirá: pero es que es un prejuicio inevitable porque la mayoría de cómics, sobre todo los de superhéroes, son ligeros, genéricos y no presentan grandes intenciones. Pero paremos un momento. ¿Eso no ocurre en la música, el cine, la literatura, la pintura? 

Así que por todo ello, en vez de incluir la palabra Batman en el título, he añadido esta reflexión. Sí, esta es una obra de Batman, y no la única notable de ellas. El relativo 'realismo' de este superhéroe respecto a los demás, así como su pasado traumático y el valor de alguno de sus villanos lo ha asociado a obras de mayor calidad que las de otros superhéroes ilustres (bueno, quizás este sea otro prejuicio). Alan Moore plasma aquí su estilo en una obra pequeña y redonda, con las mismas páginas que un cómic de Mortadelo



Algo irónico de La broma asesina es que sea basta y grotesca en determinadas escenas, pero tan sutil en sus virtudes que puede que no las aprecie quien lea rápido. No es un cómic de superhéroes que trascienda las normas del género, es que se ríe de ellas. En las primeras páginas, sin un solo diálogo, ya se ha transmitido la enorme diferencia jerárquica propia de una historia de este palo, donde lo solucionan todo los de siempre en una gran urbe con multitud de policías.

James Gordon utiliza a un policía como basura humana, entregándole su café sin terminar (está tan estresado que ya no es que tome café, es que ni le da tiempo a terminarlo); y el otro guarda se encarga de abrir puertas de forma sumisa. A su vez, Gordon es un burdo compinche, que sigue a Batman allá donde va y (a diferencia del murciélago) tiene miedo: con qué temor vigila a Harvey Dent/ Dos Caras. 

Desde la presentación del Joker, se juega a que este payaso diabólico y murciélago humano son lo mismo, dos caras de una misma moneda. 'Plano de manos de Joker y Batman en la oscuridad' da paso a 'plano las manos de Batman y el Joker en la oscuridad'. No son un héroe y un villano, sino dos pirados que juegan una partida que no terminará nunca. Y Batman no quiere mancharse las manos, pero ya lo ha hecho. 

Y dice la hija de Gordon, cuando se entera de la noticia de que el payaso asesino salió de la cárcel: "Odio esto. Cada vez que le encerramos, pienso: por favor, dios, mantenle ahí dentro. Luego escapa y todos nos quedamos de brazos cruzados, esperando que esta vez no haga nada demasiado atroz. Lo odio". El titular de periódico es: "Escándalo en el psiquiátrico. Un maníaco escapa otra vez"

Este es un cómic subversivo, que a un tiempo aprovecha y se burla de la tradición de la que parte. Porque, en las sucesivas entregas del Universo Batman, ¿cuántas veces habrá capturado al Joker? ¿Y cuántas veces habrá escapado? ¿No es ridículo? Pues claro. Y Batman le habla al Joker preocupado de que uno de los dos morirá. ¿Por qué lo dice? Porque es lo lógico. Pero nunca va a pasar.

Y lo peor/ mejor de todo es cómo se muestra que Batman creó al Joker. Pongámonos platónicos:  existía en el Mundo de las Ideas una pacífica, aunque algo tétrica, ciudad llamada Gotham. Pero luego a Bob Kane se le ocurrió que apareciese en escena un vengador enmascarado. Y como tenía un justiciero, necesitó crear la injusticia. 

Los héroes no tienen sentido sin situaciones que les permitan desarrollar su valía. ¿Os imagináis cómics de superhéroes con nuestro protagonista tomando tranquilamente una bolsa de anacardos? Batman, Superman o Spiderman son algo así como inconscientes que abrieron una caja de serpientes y demonios. Por culpa de la existencia de Batman existen el Joker, el Pinguino, Enigma. 

En "La broma asesina" unos policías van a matar al hombre que después fue Joker (la que nos habríamos ahorrado), y Batman lo impide. Además,el contacto con el justiciero "crea" al villano, cuando aquel padre de familia se precipita sobre un río lleno de compuestos químicos. El Joker existe por culpa de Batman. Es ridículo (bueno, en este cómic es ridículo hasta el mismo Batmóvil) que por alguna razón uno nunca mate al otro (impagable la pistola de onomatopeyas), y sí, al final todo es un chiste. 

Otra alusión necesaria: la forma increíble de comenzar, utilizar y terminar los flashbacks. Cómo el Joker se vuelve loco, y encima dice: "no es que yo esté loco, es que la vida es muy jodida, tan jodida que los que están locos son los que no están locos". Desde luego, todo son puntos de vista. Habrá quien diga que éste no es un grandísimo cómic.


martes, 13 de junio de 2017

Operation Ajax: la hipocresía del "mundo libre"




Cómic interactivo
Título: Operation Ajax
Formatos disponibles: papel, móvil, Ipad
Tiempo de lectura: Unas seis horas

En la batalla metafísica entre el formato en papel y el E-book, siempre he defendido lo primero: esa posibilidad de pasar las páginas, extraer su peculiar aroma, arrugarlas, subrayarlas, hacerlas tuyas. Pero la cosa cambia cuando nos referimos a proyectos como Operation Ajax, que es mucho más que un cómic pasado a la pantalla.

 Porque O.A. incluye notas de prensa, la posibilidad de acceder a información adicional sobre personajes y momentos históricos, animación flash, vídeos de la época y una banda sonora de calidad que te introduce de lleno en lo que se está contando. Para una experiencia redonda, los autores, al igual que los de la historia interactiva Depression Quest, recomiendan utilizar cascos.

Tengamos en cuenta, para entender la fuerza icónica de la música, que cada vez que va a darse una revelación importante suena cierta melodía. Así, el lector que escucha esos tonos se encuentra sobre aviso y, aunque no sea conscientemente, centra su atención.


"My only crime is that I nacionalized the Iranian old industry and removed from the land the network of colonialism and the political and economic influence of the greatest empire of Earth" (Mohammad Mosaddeq)


Subtitulada originalmente como "The Rise and Fall of Iranian democracy", y escrita por Mike de Seve, esta obra narra el pecado capital de Irán: poseer un recurso tan preciado como el petróleo, y existir en el mismo mundo que naciones con ansias de dominio: Inglaterra y EEUU.

Cuando apareció el "oro negro", Irán era una nación pequeña que no pudo hacer nada para impedir que los británicos, gracias a la debilidad política del Sha, tomaran el control de esa energía. Pero llega la democracia y el Primer Ministro Mossadegh (también transcrito como Mosaddeq o Mossadeq) decreta la nacionalización del petróleo, provocándose una tormentosa sucesión de acontecimientos que no finaliza hasta que el político iraní es apartado del poder.

Y toda esta historia es narrada en O.A. con pelos y señales, a partir de la información de una serie de archivos descalificados de la CIA que el lector puede repasar en cualquier momento. He aquí el valor del título: aunque ese contenido se hiciera público, nunca habría llegado a la masa social si no fuera gracias a iniciativas como ésta, que en cierto sentido pueden llamarse periodísticas, pues acercan la realidad más o menos reciente a las conciencias del ciudadano de a pie, que no va a ponerse a revisar archivos gubernamentales.



Tráiler para Ipad, donde se puede apreciar la mecánica de manejo, deslizas el dedo a la derecha para avanzar y a la izquierda para volver atrás; pudiendo moverte más rápidamente a través de los menús

Además de las fichas de personajes y los archivos, podemos acceder a más información contextual pinchando en las estrellas que aparecen entre las viñetas: así, nos enteramos de cómo se fundó el Frente Nacional Iraní y cuál es su himno nacional, o la cruda realidad de la "ciudad de papel" de los trabajadores de Abadán, que trabajaban para Reino Unido por una miseria, sin sanidad ni electricidad.

Todo, al final, es una denuncia de la hipocresía del primer mundo: vemos esos grandes titulares celebrando la desmantelación del sistema democrático iraní; cómo Gran Bretaña lleva al Consejo General de las Naciones Unidas al gobierno de Mossadegh, acusado de robar su propio petróleo. Cómo se falsearon los votos para impedir que dicho mandatario accediese al poder.

 Y cuando pese a todo consiguió gobernar, el objetivo pasó a ser derrocarlo a través de esta hoja de ruta: influir en la opinión pública, distribuir documentos falsos y comprar prensa, ejército, policía y élites religiosas, acusar a Mossadegh de comunista y bombardear las casas de los "sacerdotes" para inculparle...

Así, las llamadas democracias aniquilan a una de ellas e instalan a un general en la región, a base de crear el caos y enfrentar a unos contra los otros, sin que sepan que se están levantando en contra de sus propios intereses, y defendiendo (aún a costa de su propia vida) los de naciones extranjeras. 
La operación, en el intento de apartar a Mossadegh del poder, derrumbó la democracia en aquel país, convirtiéndolo en uno de los más corruptos del mundo, desencadenándose el odio a Occidente hasta llegar a la revolución islámica de 1977. Y la historia continúa.


NOTA: 7,9/ 10

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Fotografía de Mossadegh extraída de Photopin, créditos: 
Autor: Aslan Media
Título: Mossadegh

jueves, 16 de marzo de 2017

PERSÉPOLIS



Cómic: Persépolis
Autora: Marjane Satrapi
Número de páginas: 366
Año de primeras ediciones: 2000-2004
Género: Autobiografía histórica

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Aunque aún no ha sido prestado suficientes veces (treinta y ocho en total), al ejemplar de Persépolis que tengo entre las manos se le caen las páginas de cinco en cinco. En ellas, Marjane Satrapi, una artista iraní, nos cuenta su infancia y desarrollo vital, así como el devenir de su maltratado pueblo; en cuatro libros que se suceden cronológicamente.

El primero de ellos trata la llegada del integrismo islámico a su país, tras derrocar al máximo gobernador, el “Sha”, vendido a las potencias extranjeras, que acuden a la zona para controlar el “oro negro” de esta región, o sea, su petróleo. En la segunda parte llega la guerra. En las dos últimas, el exilio y posterior regreso de Marji (como la llaman sus seres queridos) a Irán, completando su madurez.

La obra se divide en pequeños capítulos, nombrados según elementos a veces esenciales y otras anecdóticos. Ya en el primero, “El pañuelo”, Marjane nos habla de la irrupción inesperada de una dictadura religiosa; con este trozo de tela como un símbolo de ese intento constante de las dictaduras por derretir conciencias e identidades en un todo homogéneo, casto, sin vestigios de más pasión que la sumisa.

Marjane, tras descubrir la empatía bañándose durante horas en memoria de su abuelo príncipe, quiere ser profeta, pero por alguna razón que aún no comprende, todos los elegidos de Dios han sido hombres. No hay en Persépolis nada dejado al azar, desde ese dibujo que parece simple y esconde un amor desbocado por el expresionismo. Cada línea negra transciende, significa y magnifica: las sombras en el rostro de una madre encontrándose con su hijo muerto de hambre a la puerta de su casa, aquel trazo grueso para los ojos de una niña que escucha obnubilada música por la calle, y las ojeras, muchas ojeras; cansancio de las guerras, los años, la tiranía, las bombas. Proporciones y leyes de la física dejándose contaminar por la emoción.

Aunque destaca sobre todo por su guión, hay en esta obra, además de un estilo uniforme, algunas estampas emocionantes, de una bella crudeza que clama al cielo: la aturullada “bicicleta de la revolución” (todos pedalean pero nadie conduce); las niñas uniformadas golpeándose el pecho por los mártires; o la desoladora, perfecta, capicúa y simétrica página 111 (en la edición de Norma Editorial): “la llave del paraíso era para los pobres”.

En anécdotas inimaginables (poner agua a hervir por la vergüenza social de no tener nada que comer, tragar nieve para no deshidratarse) asoma la terrible realidad de un país pleno en recursos naturales, pero destrozado por la crueldad y la guerra. Sobrevuela esta narración la férrea denuncia de cómo los errores políticos tienen sus consecuencias en las vidas de la gente, y no nos libramos los países occidentales, que vendimos armas a ambos bandos de la guerra entre Irán e Iraq, y llamamos rescate humanitario a nuestros propios intereses. Dice el padre de Marjane: “¡Sólo hay que mirar a Afganistán! Estuvieron en guerra durante diez años. Hubo 900.000 muertos y aún hoy el país sigue en el caos… ¡Nadie movió un dedo! ¡Porque Afganistán es pobre!”


Lo más maravilloso de todo es cómo la autora entrelaza las hazañas particulares de una niña que poco a poco intenta comprender el mundo con la historia global de un país. Así, el lector avanza de forma suave en ambas tramas, tan bien hiladas que nunca tenemos la sensación de alguien contando su vida, sino representando a un pueblo. Todo esto queda representado en Marjane mirando con desconfianza la plancha de su casa, sabiendo que con ellas se tortura a los presos políticos. Lo cotidiano y lo extraordinario, lo personal y lo universal.


Y la reflexión, porque al final Persépolis es todo reflexión, dibujada en blanco y negro, quizás por respeto a todos los que sufrieron, escrita en frases como “en un país medio analfabeto no se puede agrupar a la gente alrededor de Marx. Lo único que puede unirla es el nacionalismo o la moral religiosa". También sobre el amor, que es una carrera de larga distancia, la más larga de todas, porque no nos enamoramos de personas sino de imágenes nuestras. Y una carrera de obstáculos, porque conocer es un camino a lo desconocido.

Aunque sea una obra en defensa de la tolerancia, creo que la mayor crítica que hace de las dictaduras no es su maldad, sino su inutilidad. Tampoco funciona el hábito, que no consigue esconder ni las proporciones de una mujer ni su identidad política, según el número de mechones que deja al descubierto. Comenta la pequeña Marji sobre las obligaciones religiosas: “Al principio era un poco duro, pero aprendí a mentir muy aprisa”. Cuanto más se endurece el régimen, más se diferencian la imagen personal y la vida privada, fracasando el vano intento por controlar las vidas de todos; que sólo puede llevar a la sublevación, el engaño o el colapso humano. Anarquía, apariencia, asfixia. Son las únicas consecuencias finales de convertir por la fuerza a unos según los ideales de otros.

Respecto a ello, yo tengo un personaje favorito en este cómic, podríais ayudarme a encontrar su nombre. Es una silueta blanca que avanza por los tejados, en la noche, escapa de las armas y los hombres armados, intenta atrapar la luna y cae. Un símbolo eterno de la libertad, aún a costa de la vida. En fin, que Marji compite con sus compañeros de clase por decir quién reza más, y todo es una mentira; y aún en la Universidad, asciende hacia el conocimiento por escaleras diferentes a las de sus compañeros varones, no vaya a descontrolar sus mentes pecaminosas.


En último término, ésta es la historia de una mujer desolada, dividida entre culturas impuestas, sintiéndose extraña en todas; la Europa de consumo y libertades insospechadas; su país bajo el yugo de la opresión; “una occidental en Irán y una iraní en Occidente”. Pero sobre todo Persépolis es un canto a la necesidad de formarse para escapar de nuestras circunstancias, y construir un destino propio. Posteriormente, Marjane elaboraría junto conVicent Paronnaud una versión cinematográfica que sería nominada al Óscar.

NOTA: 9,1

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domingo, 20 de noviembre de 2016

Una historia violenta


Cómic
1997
John Wagner- Vince Locke

A pesar de que cuenta con una versión cinematográfica -protagonizada por Vigo Mortensen-, Una historia violenta todavía lucha por no caer en el olvido, seguramente nunca deje de hacerlo. Lo cual resulta bastante injusto, teniendo en cuenta lo buena que es. Sí, aquí somos bastante objetivos.

La historia de John Wagner y los dibujos de Vince Locke caminan en una misma dirección; se condensan en la palabra de tres sílabas y nueve palabras: violencia. Trazos grotescos dibujando  /desdibujando/ seres grotescos, demonios sin alas. 




Un pueblo perdido de la mano de Dios, este hombre cualquiera que ves en el dibujo de arriba, su cafetería. Los días se suceden sin problemas -suponemos- hasta que una tarde llegan dos tipos misteriosos y armados. El señor Mackenna consigue librarse de ellos, convirtiéndose sin quererlo en una celebridad para sus vecinos.

 Pero quedan demasiadas cuentas por saldar. Esta es una oscura novela gráfica sobre el poder de la mafia. El deseo de llegar lejos a costa de cualquier cosa. Las venganzas: impuestas, heredadas, necesarias o innecesarias. 

Sobre acontecimientos terribles que te marcaron un día y te perseguirán hasta la muerte. No puedes huir. La violencia dejó de ser una opción cuando manchaste tu nombre, tus manos. O matas o te matan. A ti y a los tuyos.



Las ilustraciones pueden parecer a primera vista simples bocetos, en realidad son fotografías nítidas, pero contaminadas por las emociones de quien posa. El expresionismo -ira, miedo, locura- venciendo la firmeza de los trazos; sobrecogidos, doblegados ante el pánico. 

O como si Locke no quisiera aproximarse a las tinieblas que representa, y para alejarlas las difumina, y si existen que sólo sea vagamente: blanco y negro para esconder la sangre; imprecisiones que atrapen la mirada del diablo y confundan vísceras y  almas rotas. Sólo planear en aeroplano, mirar el tiro a la nuca desde la altura, a través de los cristales y la lluvia espesa.



Una extensa reflexión sobre el futuro (im) posible, tras meternos con quien no debemos; acompañada por sombras, musicada por el pasar de las casi trescientas páginas que se leen a la velocidad con que Richie roba un coche en Brooklyn. Personaje singular, vencido por la rabia, la adrenalina, sus ansias de gloria. 



Perfecto en su estilo, con un lenguaje directo y empático, éste es un cómic recomendable para todo el mundo. El dúo de ases Wagner-Locke no necesita mil explosiones, fantásticos superhéroes ni aventuras increíbles para helarnos con su tragedia, que tanto puede leerse por encima como abrir una puerta al debate -con uno mismo, con los demás- sobre la condición humana. ¿Podemos pasar por el mundo sin rozar la violencia? Porque lo más terrible es que ella no sólo nos destruye. También  constituye lo que somos,  nuestra sociedad, lo trae todo y luego se lo lleva.

Puntuación: 8,9