Mostrando entradas con la etiqueta #galicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #galicia. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de enero de 2017

El conflicto del grafiti: PARTE 2/2

A pesar de la experiencia de Talos, Gatos no cree que el grafiti sea, de todos modos, un negocio rentable. “Como mucho sobrevives. Además aquí no hay mercado, son ciudades relativamente pequeñas. Si un solo grafitero pintara cada semana un local, a final de año no le quedarían locales por pintar. ¿Y para el año siguiente?” Aunque puede haber un nicho de mercado en la relación entre grafiti y el tatuaje. Gatos fue a Asturias a una concentración y diez de quince eran tatuadores. Todos estaban tatuados. El tatuaje te da la oportunidad de unir tu trabajo a algo artístico, y además las mejoras se retroalimentan. Estima que sólo tres o cuatro personas viven del grafiti en Galicia, como Pou (pinta en Luar) o Talos. Lo que se hace es compaginar con diseño gráfico, tiendas de tatuajes… Pero sólo pintar suele ser algo muy precario y mal visto. Como comenta Gatos, “El Correo Gallego habla negativo continuamente, y eso que Santiago es una de las ciudades menos pintadas de Galicia.”


Por Gatos

 Los primeros dibujos que hizo Gatos eran de Astérix y Obélix. Rápidamente fue desarrollando su estilo, llegando a formar parte del colectivo artístico Dios Ke Te Crew. Dos de sus miembros organizan ahora el festival de Carballo (Rexenera) y Desordes Creativas (Ordes), referentes clave del grafiti en Galicia.

Para Gatos no todo lo que se pinta en un muro es grafiti. “En Vigo, en Tui, están decorando. Pero para muchos, entre los que me incluyo, el muralismo no es grafiti, lo que se está haciendo en Vigo ahora mismo no es grafiti. Ni el propio Concello le llama grafiti a los murales que encarga.”

Gatos es de la postura de que la raíz del grafiti son jóvenes que pintaban su nombre en la calle de mil formas. Van mejorando el relleno, el 3-d, los colores… Para acompañar las letras, empiezan a meter dibujos, muchos relacionados con el cómic. En los 60 empezó el grafiti en Filadelfia, en la criminalidad. Luego, ya en los 70, en Nueva York los marchantes de arte se interesan por el grafiti, y empiezan a llevar a los artistas a museos, de repente lo que estaba fuera de los canales comerciales se compra y vende.

Muchas veces no tienen demasiado que ver alguien salido de Bellas Artes con un callejero como Gatos o la crew B12. Tienen visiones distintas. Para ellos, pintar en la calle es el fin, para el artista gráfico de Facultad quizás el muro sea sólo un lienzo más.

El fenómeno del grafiti ha sacudido diversas manifestaciones de la cultura popular. Además, gracias a Internet, ahora es mucho más fácil dar a conocer las obras. Las pintadas, si son ilegales, tarde o temprano serán borradas, así que la fotografía es un recurso imprescindible para el grafitero clandestino. Así inmortaliza lo que ha hecho. Muchos no salen a pintar si no tienen la certeza de que podrán sacar la foto.

Arturo Pérez Reverte les dedicó un libro, El francotirador Paciente, en el que se evidencia una gran labor de investigación: las marcas de los aerosoles –Belton, Montana-, boquillas de distintos tamaños para trazos diferentes, válvulas para controlar la salida de pintura, tags (la firma del grafitero) más cortos o largos según la valentía de su dueño, trenes pintados de punta a punta, palancazos (frenarlos para pintar mejor las paredes)…

Y en algunas de sus frases, el libro sostiene lo dicho por nuestros entrevistados: “Decir que sin grafiti las calles estarían limpias es mentira. Mancha el humo de los coches y mancha la contaminación, todo está lleno de carteles con gente incitándote a comprar cosas o a votar por alguien. Las puertas de las tiendas están llenas de pegatinas de tarjetas de crédito, hay vallas publicitarias, anuncios de películas, cámaras que violan nuestra intimidad (…) Según las autoridades, el grafiti destruye el paisaje urbano, pero nosotros debemos soportar los luminosos, los rótulos, la publicidad, los autobuses con sus anuncios y mensajes. Hasta las obras de restauración de edificios se cubren con lonas de publicidad.”

O, en cuanto a los tan famosos toys, al menos dentro del mundillo: “Pintar en cualquier sitio era de toys. De niñatos. Había que buscar lugares difíciles, planificar, romper o saltar vallas, pasar por los respiraderos, infiltrarse…Sentir el subidón de adrenalina mientras el resto de los mortales estaba de juerga o dormía (…) Llegar a una ciudad y pasar dos días sin comida ni dinero, durmiendo en cajeros o bajo un puente, para escribir allí… Los que nunca han tenido que currarse esas cosas son toys. Aficionados”.

Además, Reverte menciona a través de sus personajes cómo las piezas pintadas se insertan en algo mucho más grande, la ciudad, que también forma parte de lo que haces; y que el grafiti urbano no tiene, al menos, la perversión del mercado.

Grafiti de la crew viguesa B12, con su icónico dinosaurio

Respecto al debate de si el grafiti es arte o no, lo que se defiende es:  ¿no es acaso la definición de esta frontera el gran dolor de cabeza para la cultura del siglo XXI, cuando hemos visto ya la obra de un Warhol o de Duchamp? El protagonista de El francotirador paciente, Sniper, dice que ahora el arte nos hace más estúpidos, mencionando el caso de Marina Abramovic en Nueva York.

En cualquier caso, no todos los grafiteros piensan siquiera que sea arte lo que hacen, ni que deba incluirse a esta actividad dentro de las clasificaciones artísticas. Gatos se dedica a poner su nombre, no cobra por pintar y no lo hace para que le guste al resto de la ciudad, sino para él y para la gente que también hace lo mismo. Lo que no quita que se defienda ante las acusaciones de que se dediquen a hacer siempre lo mismo: “los estilos pictóricos y los movimientos de cada época son repeticiones de mismos elementos por distintas personas”.

En cuanto a documentales sobre el tema, podríamos destacar Style Wars, un punto de partida perfecto para quien quiera conocer el mundo del grafiti, un arte o una plaga, o ambas cosas a la vez. Les llaman writers, porque eso hacen, escriben sus nombres. Se habla del inicio del grafiti en Nueva York, y cómo en su mayoría son chavales muy decididos y muy jóvenes, de quince años, dieciséis… Esto también ocurre aquí en Galicia: alguien que comenzara con veinte años sería ya una rara avis.

Jóvenes que bombardean los trenes para que se vea su “tag” en toda la ciudad; escriben para ellos y para los demás que escriben, por el respeto de su comunidad. Lo hacen “cuando todos los toys están en casa abrazando sus almohadas”. Coges un nombre –o te lo dan- y ves cuán alto lo puedes llevar. Hasta que ocurre algo. En todos los lados ocurre, aquí también, que un tag alcanza un gran prestigio y su dueño tiene que cambiarlo por otro y volver a empezar, al ser especialmente buscado por obras anteriores.

Se retrata el conflicto entre los flecheros o “bombers”, que marcan compulsivamente el territorio, y los artistas del grafiti, dos estilos que tratan de coexistir. Dice una fuente en el documental: “es por ello que el grafiti se está jodiendo. La línea 2 y la 5 serían una galería de piezones con toda esa peña de El Bronx y Brooklyn con sus wild style tan guapos. Ahora está todo destrozado.”

Este enfrentamiento ideológico se puede palpar incluso en los comentarios del vídeo en You-Tube: “una cosa es un boludo con lata y otra un grafitero” frente a “una cosa es un grafitero y otra un boludo que se cree artista del Renacimiento”.

Este documental, y Salida por la tienda de regalos, alegato de Banksy a favor del arte espontáneo y libre, en contra de su mercantilización; están a un click para quien quiera unas clases rápidas.

Al comenzar este reportaje, hemos dibujado unas coordenadas que retomaremos ahora.
Style Wars habla de grafiti artístico frente al callejero, que entiende sus iniciativas como misiones donde valorar el riesgo, pisar a los otros y desatar una “guerra”, cabrear a todo el mundo y estar por todas partes. En cambio, Salida por la tienda de regalos enfrenta al grafiti elaborado en la calle con el que se vende al mejor postor en una galería de arte: calidad/cantidad, ilegal/ comercial. Y, por si alguien se ha quedado con ganas de más,  también en You Tube el colectivo 1 UP muestra sus internadas en los trenes para quien quiera verlas.

Tren pintado por Hylos, de la crew B12

 La búsqueda de una salida profesional frente a salir de casa a las tantas –tres, cuatro de la mañana- cuando todo el mundo duerme, con los botes tintineando en la mochila, negro para los bordes, rojo y verde con los que rellenar, la adrenalina de lo prohibido y de dejar el propio nombre. Cuando la ciudad despierte, será diferente.


miércoles, 25 de enero de 2017

El conflicto del grafiti,PARTE 1/2

-REPORTAJE-

Si le preguntásemos a la gente que va caminando por la calle (y de forma más o menos consciente, mira las “pintadas”), la gran mayoría dejaría entrever una visión negativa de ellas; pero lo que no podemos olvidar es que existe una doble división dentro de este particular mundo, bastante cerrado para los no iniciados.

Conviven un arte urbano clandestino, ilegal, de vigilar y si se tercia silbar, avisando a tu crew –pandilla con la que compartir firmas, iconos e incursiones nocturnas- de que se acerca la policía, a veces incluso toca correr; y otro grafiti que actúa a plena luz, y tanto decora un establecimiento como la ciudad en sí, por encargo de los poderes públicos. Que persiguen a los primeros, claro. Obviamente, las líneas no siempre son tan claras: a veces un mismo grafitero actúa como profesional y en las sombras en distintos momentos de su vida o incluso de la jornada.

Por otro lado, están quienes se dedican al “bombing”, bombardear el máximo número de paredes, llenar la ciudad de sus propias huellas; y los que buscan un buen muro e intentan desarrollar un estilo propio y un trazo estético en él.


“Ahora, gracias a Internet, es más fácil dar a conocer las obras. Muchos tienen cuentas de Instagram”.


Hoy, Carlos (Talos) pertenece al segundo grupo en las dos clasificaciones. Para él, el grafiti empezó siendo una forma de escapar de todo. Ahora, tras quince años, es una forma de vida a la que se dedica plenamente y de manera profesional.

Comenzó a hacer esbozos en papel en los primeros años de la ESO. Ponía los nombres de sus colegas o el suyo. Un día cogió unos botes y empezó a firmar por ahí y, en sus propias palabras, “hacer un poco el vándalo”. Poco a poco fue haciéndose con más botes. Empezó con encargos pequeños, gente que sabía de su faceta con los aerosoles y tenía locales para que pintara. Talos trabajaba en el sector de las Telecomunicaciones, pero los encargos de grafiti empezaron a generar más beneficios, y cada vez costaban menos tiempo de elaboración.

Un día le surge la posibilidad de montar una empresa de diseño con un amigo fotógrafo y a partir de ahí corta de golpe con su empleo anterior para dedicarse plenamente a pintar. Realiza unos seis o siete encargos grandes al año, aunque es una cifra muy variable. Puede encontrarse con que en un mes abren tres locales que necesitan sus servicios y luego tirarse dos meses parado. Cree que poco a poco son vistos con mejores ojos, pero aún así la imagen que la sociedad tiene de los grafiteros no es positiva. No piensa que haya grandes diferencias entre uno “de calle” y uno profesional, más allá de que uno pinta sólo cuando quiere, el otro también cuando se lo encargan.

Defiende al gremio: “al final, hay mierda por todos lados y depende de lo que la gente considere que le molesta más o menos. Personalmente, a mí me incordian tantos coches y demás. Todo depende de la mentalidad que tenga la sociedad. En realidad, lo que la gente pide es que los grafiteros hagan algo bonito, pero eso es muy difícil cuando tienes detrás a la policía. Convivimos constantemente con carteles publicitarios. Lo único que nos diferencia es que ellos han pagado por estar ahí. Nosotros lo que hacemos es plasmar obras artísticas de manera gratuita, para que la gente lo vea. En definitiva, regalamos arte mientras nos jugamos nuestra integridad y economía.”

Grafiti de Talos

Aunque reconoce que hay muchas perspectivas del grafiti. La parte egocéntrica, por así decirlo, del grafitero bombardero, que sólo quiere ver su nombre en todos los lados; y luego está el que encuentra una esquina apropiada y busca realizar algo más artístico. “Al final todo depende de quién lo vea, quién lo haga y cómo lo haga”.

Talos mantiene que dentro de cien años se va a estudiar el arte urbano, aunque ahora no guste, como movimiento artístico de varias décadas y generaciones. “No hay otro que haya revolucionado como este. Traspasar todos los tipos de arte –el dibujo, el cómic…- y llevarlos a la calle.”

Defiende también que hay propuestas que pueden ser beneficiosas para la ciudad y los grafiteros, pero normalmente se tumban por su visión negativa e ilegal. “Quizás, si fuese una persona de Bellas Artes, aún pintando peor, tendría más cabida.”Al preguntarle si hay asociaciones en el grafiti, contesta: “lo que hay son agrupaciones, como “Writers Madrid” o “Writers Barcelona”, o aquí en Ordes la gente de “Dios que te crew”. Más que nada son eso, crews, en un término coloquial, yo pertenezco a dos, que van creciendo pero mediante vínculos verbales, simbólicos, no a nivel de asociación propiamente dicha. Gente que se mueve junta y hacen cosas pero no de manera oficial.”

El del grafiti es un mundo muy cerrado, y sus practicantes desconocidos para el gran público, pero se controlan entre sí. Cuando pintas grafiti, te fijas. Al caminar, al viajar en autobús, tus ojos se pierden contra las paredes y dialogan con ellas: qué grafitis hay, quién los ha hecho, cuáles podría hacer yo. La ciudad como un gran lienzo, una oportunidad.


 “Cuando realmente te das cuenta de que estás enganchado a esto, es cuando estás delante del juez pensando tu próxima pieza”.


Gatos, al contrario que Talos, nos ha hablado de la vertiente más clandestina del grafiti. “Pintar aquí –en Galicia- son 3.000 euros si te pillan. Los que pintan ilegal son los grupos más cerrados porque se están jugando mucho.” Él nos acerca a la terminología del grafiti: desde insultos como “trollaco” –el que sólo busca la fama- o “toy” –quien pinta en sitios fáciles-; a tendencias. El “Throw up”, o “getting up”, sería pintar en sólo cinco minutos un muro. No importa tanto la calidad sino la cantidad.

El concepto de “toy” no es baladí: muchos arriesgan su integridad para pintar en sitios peligrosos, y no nos referimos sólo al acecho de la policía. Se meten en túneles y hace un año cerca de Oporto murieron dos chavales en los trenes, uno de los más importantes fetiches. Un colega de Gatos tuvo una fractura al caer en un raíl de alta tensión. Dentro de esta cultura, el respeto es muy importante y se gana más rápido pintando en lugares arriesgados que haciendo murales bonitos. Comenta Gatos que “en Nueva York un tío se hizo muy famoso y hacía una basura, churrazos. Se dedicaba a pisar a los demás, es decir, pintar por encima de los grafitis de otros, que es la mayor ofensa que se puede hacer aquí, como declarar una guerra. Al final descubrieron que el tipo medía dos metros… A ver quién se metía con él.”

Gatos trabajaba doce horas al día y luego iba a desconectar con los amigos. Al contrario que Talos, opina que “comerse la olla” con lo que quiere otro no es desconectar, y por eso no acepta encargos. En sus propias palabras, convertir en trabajo algo que era una válvula de escape es un problema.

Niega que haya una gran relación con otras vertientes de la llamada cultura hip-hop: “a la gran mayoría el rap no le importa”. Nos habla de círculos bastante cerrados. Si vas a mirar por casualidad, no te enterarás de nada; porque el grafitero quiere dar a conocer su obra, no a la persona. Que se hable de ti no por quién eres, sino por lo que haces. Banksy sigue siendo alguien indeterminado. Ésta es una gran diferencia con el arte comercial/ formal, donde el artista intenta imponer su personalidad. 

Grafiti de Gatos

 Cuando a Talos le encargan un trabajo, realiza un gran proceso profesional. Analiza lo que el local ofrece, su ubicación, el negocio y su nombre, los ambientes que pueden quedar bien… Lo mira desde una perspectiva de marketing. En base a esto, llega a un acuerdo con el cliente. Al finalizar el análisis, entrega los bocetos y realiza el trabajo usándolos como referencia, pero dejando un poco de margen para la imaginación de cara al resultado definitivo. Hace el trabajo lo mejor que puede, factura y se va.

En cuanto a si el sistema educativo podría favorecer un cambio de la imagen que tiene la sociedad del arte urbano, colabora con el Colegio Santa Apolonia, en el barrio de Conxo; donde hace unos años implantaron un aula dedicada al grafiti. Allí da clases Talos, intentando instaurar una imagen alejada del grafitero “malote”. Enseña el grafiti en su técnica y su faceta de obra artística. Cómo utilizar el spray, dónde puedes hacerlo, dónde no… Lo que quiere es que vean al grafiti no como algo ilegal, sino una parte de nuestras ciudades y su riqueza.

Grafiti de Talos

Ve incoherente que hoy te denuncien por pintar en una casa abandonada en las afueras, y mañana te llamen desde el Ayuntamiento para que participes en un evento cultural. “Es todo un poco hipócrita, te […] porque en ocasiones lo haces de manera ilegal pero pese a todo eres guay y mola contar contigo cuando convenga. Por eso, a mí no me gusta este juego, prefiero hacerlo de la manera en que lo hago, tratar con clientes normales sin depender de Ayuntamientos ni organizaciones.”

Le alegra la iniciativa desarrollada por algunos medios de comunicación de dar una mejor imagen del grafiti, como Luar, donde se realizan actuaciones de este tipo cada semana; y la de gente como el mencionado Banksy, que aunque no haga lo que se considera por definición grafiti, ayuda a que se hable de él en los medios de manera positiva.

Talos concluye: “te paras donde concedieron un mural en el que has trabajado durante varios días, y escuchas a la gente decir qué bonito, qué maravilla; y si pasas por la puerta de un garaje en la que hay cuatro firmas y sigue siendo grafiti, la gente ya se queja, aunque fuese la misma persona el que ha hecho el mural y las firmas, y no se paran a pensar en lo que es o lo que significa.”


Por eso dice que depende de quién lo vea, y cómo es todo contradictorio, en la vida o al menos en el arte. “Hay gente a la que le gustan las obras de Picasso y a otros les parece una porquería. O quizás alaban un mal trabajo suyo, por el simple hecho de haberlo creado él  y rajan de otra obra creada por un desconocido, pero que es  mucho mas técnica. En los medios pasa lo mismo, a mí me tienen llamado para tratar el tema de una manera positiva y tener ese mismo día, en la página de al lado, una sección de foto-denuncia en la que se critican los grafitis. Al final, no deja de ser un vaivén, una pequeña locura.”

-CONTINÚA EL LUNES 30-