Mostrando entradas con la etiqueta #Roma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #Roma. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de febrero de 2017

BREVE HISTORIA DE LA FELICIDAD: PARTE 2




-Si aún no has leído la primera parte, pincha aquí.-

Epitafio 5
“Aiatio Apro, de 70 años de edad. Aiatia Eurídice levantó este monumento a su padre”.

Los romanos prefirieron un retrato más realista que el griego, el cual no se basaba en la figura a representar sino en una serie de arquetipos que idealizaran los rostros de sus líderes acercándolos entre sí y a los dioses. Esto no significa que los retratos romanos sean fiables, es muy probable que se eliminaran aquellos rasgos más imperfectos. “Es como el Photoshop”, comenta una señora del grupo para la visita guiada (seremos unos veinte). Las verrugas, el estrabismo, las narices torcidas no han pasado a la posteridad, gracias al filtro de los artistas. Pero desde luego los emperadores romanos querían que todo ciudadano supiera quiénes eran, así que es indudable un cierto realismo, quizás el mínimo para conseguir un equilibrio en el doble efecto identificación/ deificación.

De la sala XX puede llamar poderosamente la atención que se exhiba un gigantesco antebrazo, perteneciente a una estatua colosal, la cual estaría dedicada con casi total seguridad a un Emperador, pues sólo su figura y poder justificarían tales proporciones y trabajo. ¿Dónde está el resto del gigante? Una explicación muy plausible se basaría en cómo el mármol se puede convertir en cal, y de Itálica se sacaban materiales para la construcción, así que muchas esculturas fueron utilizadas para tal fin, machacándolas hasta conseguir tan "práctica" transformación. 

Epitafio 6
Pasajero: Romulesia, de nueve años de edad, aquí descansa”
.
El centro de la sala XXI ha sido bellamente ocupado por una fuente con motivos marinos en la que no hay dos peces iguales. Llama la atención, en las tablillas funerarias donde se describen la edad del muerto y sus características; que aunque aparezcan esclavas muertas con 30 ó 17 años, niños enterrados antes de la mayoría de edad, etc. haya dos caballeros romanos que sobrepasaron los 70 años, en pleno siglo III. Esto pone de manifiesto cuatro cosas: que las diferencias sociales existentes no sólo determinaban cómo se vivía, sino cuánto; la explotación de los jóvenes esclavos y la alta mortalidad infantil de la época; pero también los grandes avances romanos en ámbitos como la higiene (recordemos el eficaz desarrollo del alcantarillado de las ciudades, por ejemplo). Obviamente, no fue el único aspecto mejorado por su avanzada tecnología. El acueducto de Tarragona se construyó en el año 20 a.C. por orden del emperador Augusto. Lo interesante del asunto es que durante toda la Edad Media y hasta bien entrado el siglo XIX (un período cercano a los dos mil años), en la ciudad no volvieron a tener agua corriente.

Panem et cirsenses; pan y circo: ninguna construcción superó en capacidad al Coliseo hasta el siglo XX. Es una obra de ingeniería brutal para su época, tanto, que Beda el Venerable dijo de él: “mientras siga en pie el Coliseo, seguirá en pie Roma. Cuando caiga el Coliseo, caerá Roma. Cuando caiga Roma, caerá el mundo.” En el Coliseo a la vez se hacían visibles y se calmaban las graves diferencias sociales en la ciudad romana. Perfectamente podía albergar más de cuarenta y cinco mil espectadores, miles de combatientes y cientos de bestias encerradas en sus galerías. Traían animales salvajes de todas las tierras bañadas por el Mediterráneo, incluso del actual Reino Unido que acaba de separarse de la Unión Europea.

Como estamos hablando de un mecanismo de propaganda, apropiación de voluntades y consecución de votos; se produjo una progresiva espectacularización, hasta perder la capacidad de sorprender: escenas de jungla, representaciones de batallas navales con miles de participantes, peleas entre animales furiosos de diferentes especies…Las combinaciones de bestias rápidamente se agotaron. Al menos, el promotor quedaba en la memoria de los ciudadanos como hombre espléndido y generoso, asistían tantos como para llegar a morir gente aplastada. Dos senadores llegaron a morir aplastados en los espectáculos que Julio César promovió tras su victoria en la victoria del Rubicón; y haber llorado a los pies de la estatua de Alejandro Magno, angustiado por no haber conseguido nada importante, en contraste con él a  la misma edad. Al final, como le pasaría a tantas estatuas, ni el Coliseo se salvó de ser cantera de Roma, para palacios de aristócratas.

Epitafio 7
Eusebia, clarísima fémina, vivió 32 años, 9 meses, descansó en paz el día 20 de mayo de la era 559”

Con el objetivo de favorecer el reclutamiento para unas siempre ambiciosas campañas, servir en filas fue convertido en uno de los más eficaces medios de promoción individual y social. Un diploma militar te permitía conseguir la ciudadanía romana, propiedades…
Los mayores problemas fueron su conversión en la fuerza dominante del Imperio, por encima del Senado, y la constitución por parte de ambiciosos generales  de ejércitos privados, provocando guerras civiles y todo tipo de conflictos por el poder.


 A Marco Catón se le atribuye la frase: “César es el único, de los que intentan dar un golpe de Estado, que está sobrio”. Además, el César fue buen escritor, narrando con solvencia sus diversas campañas para la posteridad. Cuando sus soldados estaban aterrorizados por las fuerzas enemigas, y las leyendas y verdades que sobre ellas les habían contado; no les tranquilizaba negando o quitándole importancia a la bravura del rival, sino exagerándola aún más con sus mentiras. Daba a su equipo armas guarnecidas de oro y plata, para incitarles a combatir mejor, por el miedo a perderlas. Tenía un gran afecto por sus soldados, y gracias a ello consiguió que al principio de la guerra civil le quisieran servir sin pago a cambio, e incluso los más ricos se hicieron cargo del sustento de los que no tuvieran esa suerte. Esta unión les proporcionó una entereza casi sobrenatural: según Suetonio, su soldado Casio Esceva, después de que le arrancaran un ojo y atravesaran el muslo y la espalda, habiéndole taladrado el escudo ciento veinte golpes, continuó peleando y defendiendo la puerta del fortín, que le había sido confiada.Y, además, Julio volvió a levantar la estatua de Pompeyo, su enemigo, que la plebe había abatido.



El comercio romano no podría entenderse sin las ánforas. De hecho, hay un monte artificial en Roma, el Testaccio, hecho con los cascotes de ánforas rotas que venían de la Bética; para transportar trigo, aceite, vino... Las ánforas eran utilizadas sobre todo para el transporte por mar, llevándose usualmente colgadas por fuera de los barcos, ya que eran muy pesadas para el comercio terrestre. Y los puertos solían ser arenosos, de ahí su extremo puntiagudo: para clavarse bien en la blanda superficie de la orilla.

La sala XXVI ya da un salto hacia la época de los visigodos en la Península. Se enterraban con sus objetos de adorno personal, por lo que de la riqueza o pobreza de sus ajuares se puede deducir su posición social. Esto es un cambio esencial en los ritos funerarios, ya que los romanos acostumbraban incinerar los cuerpos. En caso de enterramiento, se ubicaba en las afueras, mientras que en tiempos cristianos, en busca de la clemencia divina y como consecuencia de un fervor religioso en aumento, las familias lucharon por ser enterradas lo más cerca posible del templo.

 Los visigodos piden ayuda al emirato del Norte de África y acaban siendo conquistados por ellos, así que la última sala de exposición trata del Islam en España, transmitiendo a partir de diversos objetos y descripciones los matices de una vida ya muy distinta.

Epitafio 8
“Oh, visigodos, los hombres creed que las promesas de Dios son ciertas, no os dejéis seducir por las promesas del mundo, ni os aparten de Dios los engaños del demonio”.

Fue la misma capacidad la que hizo sobrevivir a la especie humana por encima de las demás durante el Pleistoceno, y unos pocos milenios después crecer al Imperio Romano más allá de los límites imaginados: adaptación. Durante aquel periodo prehistórico se alternaron intervalos de frío intenso con otros cálidos. Animales formidables como el mamut, el rinoceronte lanudo o el oso de las cavernas perecieron en masa debido al calentamiento del clima que aún perdura en la actualidad. Los hombres y mujeres prehistóricos, en cambio, consiguieron modificar su comportamiento en función de estos cambios, sobreviviendo así a ellos.

Y mientras que la historia de Grecia es la historia de los griegos, todos los entornos del Mediterráneo contribuyeron a la formación del Imperio Romano y su cultura. Al final, el sueño de Alejandro Magno (la unión de los pueblos del Mediterráneo) fue realizada por Roma. Los ejércitos, por eficaces que sean, no pueden explicar una victoria tan brillante y colosal; pero sí la adaptabilidad romana. El Estado romano ofrecía la ventaja de la unidad (tan útil para el crecimiento económico); y no exigía excesivos costes: fidelidad política e impuestos no muy altos. Se permitió a unos hablar su idioma, a otros venerar sus dioses. Y Roma reconoció, asumió y difundió los logros de los pueblos sometidos. El milagro del conocimiento técnico, científico y artístico en expansión, e interconectado: ya no hace falta descubrir las cosas dos veces.

Epitafio 9
“Consagrado a los Dioses Manes, Marco Calpurnio, decurión. Quienquiera que desees llorar mi destino en esta lápida, contén un momento tus lágrimas. Es mi padre quien es digno de compasión por lo injusto del azar: haberme perdido a mí, un hijo querido, y entregado al sepulcro. ¡Qué felizmente viví  veintiséis años, seis meses y ocho días! Aquí estoy enterrado, dejando a mi pobre padre abandonado. Mi desgraciada madre, dándose golpes de pecho, y mi hermana desdichada, lo acompañan ambas en su llanto. Mi querida esposa, a la que he dejado con un niño pequeño, una madre irreprochable, viuda ahora, me sobrevive. Ella ha preparado mi tumba. Llorad mi cuerpo en la fosa profunda, queridos padres, y vosotros que habitáis el reino de los mortales: aquí estoy enterrado y en paz descanso. Séate la tierra leve.

Cuenta Suetonio en su famoso libro Historia y vida de los césares que el Emperador Domiciano, en sus últimos días, soñó con una loba de oro que saltaba sobre su nuca, y aquello fue sentido por él como presagio de un período más próspero y feliz para el Estado después de su muerte. Tenga o no algún fundamento la anécdota, lo cierto es que los siguientes fueron buenos gobernantes para el Imperio.
Estos últimos días, de puro cansancio no he soñado con nada, y mucho menos una loba dorada, pero espero que este pequeño reportaje ayude a concienciarnos del tesoro que tenemos todos los amantes de la ciencia en la ciudad de Sevilla; un legado con valor cultural incalculable que sobrevive con escasa financiación. Puede que mañana sea demasiado tarde, y no quede nada de él al igual que ya no quedan  Imperios y reinados que marcaron el rumbo del mundo.

Y ahora es cuando pido disculpas por lo injustificado del título; la felicidad es un asunto del presente. Si no estás contento ahora, no lo estarás nunca; si lo consigues ahora, quizás siempre. Es cuestión de respirar, mirar a cámara y guiñar un ojo: "todo va bien".


Fotografías extraídas de Photopin, créditos: 

1-granvendaval <a href="http://www.flickr.com/photos/13605167@N00/31611549736">Arde Roma</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/">(license)</a>
2- R.Halfpaap <a href="http://www.flickr.com/photos/54476864@N07/30568852143">The colloseum in Rome</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/">(license)</a>

jueves, 9 de febrero de 2017

BREVE HISTORIA DE LA FELICIDAD: PARTE 1




-REPORTAJE EN DOS PARTES-

En el interior del Parque de María Luisa se alza el antiguo edificio del Museo Arqueológico de Sevilla, dedicado a unos objetos muy determinados. Estas piezas, materializaciones de la abstracta Historia, poseen una sombra tan alargada que años, siglos o milenios después de ser abandonadas aún encontramos en ellas destellos de luz; y nos retrotraen a épocas ya muertas, pero que aún pueden ser vividas.

Lo primero que te preguntan cuando llegas a este museo es de dónde eres. Si les pides cambio para las taquillas, no tendrán, porque no cobran entrada. ¿Llega dinero al Museo? Fui varias veces y una de ellas había salas cerradas por falta de personal. Las recepcionistas me lo comunicaron con total amabilidad. Un salamantino se frustraba al saber que la sala de Prehistoria no podría visitarse aquel día. Ellas piden disculpas. Tiene que ser bastante incómoda esta parte de su trabajo: explicarle a cada persona que venga por aquí que salas importantes del museo no están disponibles. 

Ahora les pregunto yo si estarán abiertas para el viernes, contestan que sí, a menos que alguien enferme, o no pueda venir por algún imprevisto. No deben tener muchos recambios. Al subir a  la planta 1, un enterramiento femenino nos da la bienvenida.

Y el dolor de los familiares ante la muerte temprana de un ser querido, porque nunca se es lo suficientemente viejo como para morirse.

Estos días se ha inaugurado una exposición temporal sobre las mujeres en la Prehistoria. En ella se reivindica, por medio de un poético documental y una sala con restos y sus descripciones; el no sólo histórico, sino también prehistórico papel de la mujer en el mantenimiento del grupo y el desarrollo social, al ser las primeras transmisoras de conocimiento para las nuevas generaciones.

Y es que la investigación sobre la Prehistoria nos ha proporcionado un conocimiento profundo sobre las sociedades del pasado, pero en los textos sólo aparece el hombre prehistórico. Además, en cuanto a los restos arqueológicos que se van descubriendo, muchas veces no permiten asignar las actividades a uno u otro sexo, derivando en un recurso al neutro masculino que invisibiliza a la mujer a lo largo de los siglos. En multitud de ocasiones, el sexismo incluso ha contaminado investigaciones arqueológicas, al dar diferentes interpretaciones a enterramientos con los mismos elementos (un collar, una punta de lanza) según la identificación sexual del cadáver. Todo esto ha desembocado, a partir de los años 70, en el surgimiento de nuevas corrientes de estudio que se preguntan dónde estaban las mujeres en la Prehistoria y qué hacían.Ya al principio de los tiempos, tanto la reproducción como la dependencia directa que los hijos tienen de sus madres hasta que se pueden alimentar solos, vincularon a la mujer con el trabajo interno. Esta condición, sumada a los caminos por los que discurrió la cultura humana, les fue alejando del empleo externo, el cual además se asoció a unos mayores méritos.

En la primera planta del museo se presenta la exposición del tesoro del Carambolo. Las reliquias de oro son una imitación calcada del original, pero en una alineación más barata. El tesoro real, aunque sí que es cierto que ha sido contenido por las vitrinas del Museo Arqueológico durante un tiempo, ahora no se encuentra disponible al público, sino en la Cámara Acorazada del Tesoro Nacional.

Cambian los tiempos pero las emociones que forman parte del ser humano serán siempre las mismas.

Cuatro eras se han sucedido y por ellas ha pasado la vida, fortaleciéndose, desintegrándose, conservándose y evolucionando, nunca plena y nunca derrotada, en una peculiar danza con la muerte. Primero fue el Precámbrico, donde se desarrollaron las formas de vida más simples; luego el Paleozoico, época decisiva al conquistarse la tierra firme; pasando por el Mesozoico, reino de los dinosaurios; hasta llegar al Cenozoico, en el que los mamíferos han usurpado el trono.
El Cenozoico se subdivide en Paleógeno, Neógeno y Cuaternario; y éste último se puede partir a su vez en Pleistoceno (aparecen los primeros especímenes del género Homo) y Holoceno, período  en el que nace la civilización y se escriben estas líneas. Y la pregunta es, una vez que el ser humano no esté, ¿qué marcará los periodos de la Historia terrestre? ¿Será un Holoceno casi infinito hasta el apocalipsis, al igual que no se subdividen prácticamente los primeros años de la tierra? Nuestra visión del tiempo es como un muelle que estiramos sólo en una mínima parte de su espiral: la más próxima a nosotros.

El museo se articula cronológicamente. La visita comenzaría en el sótano, que marca el punto de partida en el Paleolítico, y continúa en la planta baja, a partir de la transcendental visita de los colonizadores romanos. La revolución neolítica fue quizás la mayor en la historia de la Humanidad: cuando pasamos de vivir de lo que la naturaleza ofrece a lo que la sociedad produce. Se inicia así el proceso histórico según el cual las naciones se van desarrollando y complejizando, mientras de forma paralela las élites y gobiernos aumentan su poder. Aunque las sociedades tribales tenían líderes y estaban ya jerarquizadas, en realidad las condiciones de vida eran modestas y relativamente iguales. Pero los sucesivos avances en el desarrollo (descubrimiento de nuevas técnicas o territorios, conquistas, progreso científico y económico) producirán un mejoramiento sosegado del nivel de vida de las clases bajas, y a la vez un espectacular aumento para las altas: sus riquezas y poder se multiplican. En estas estructuras de continuo aumento, va dejando paso la colaboración a la servidumbre. El mismo fenómeno fue muy palpable en la sociedad romana. Las conquistas y éxitos apenas repercutían en el día a día de los plebeyos, por lo que muchas veces provocaron enojo popular y sentimiento de desunión, incluso conflictos sociales.

La Edad del Cobre es el verdadero punto fuerte de la Prehistoria sevillana, con Valencina de la Concepción como uno de los poblados más importantes de esta época. Es ahora, en la Edad del Cobre o Calcolítico, cuando se produce el desarrollo de poblados al aire libre.
Los ídolos de esta época que muestra el museo son una manifestación clara de la temprana consciencia del hombre sobre la existencia de fuerzas ajenas a él, que le superan y de las que su vida depende. Diversas culturas le han dado muchos nombres y explicaciones míticas a lo largo de la historia a estas fuerzas, que para algunos son simplemente las leyes de la ciencia y la imprevisibilidad (amoralidad) del azar. ¿Aceptar sin más una vida dura y caprichosa? ¿No pensar en algún mundo mejor que vendrá tras la muerte; que lo que existe pertenece a un plan consciente y medido, al menos a la pequeña escala de nuestras propias vidas?

La llegada de los colonizadores fenicios constituyó un momento clave para el crecimiento de la población bética. En las salas dedicadas a los Tartessos (cuyo reino fue descrito en textos griegos y romanos, pero el explorador Jorge Bonsor nunca pudo encontrar); una jubilada alemana saca una foto a una ánfora. “Quiero enseñarle a mis nietos que una planta no necesita mucho para crecer”, dice. Le dan la razón unos tímidos tallos, colgando de la superficie lateral de la vasija. Puede que la luz artificial, la tierra y los minerales sean suficientes para que resista la planta, reseca pero en pie. “Me faltan muchas palabras”, se sincera mientras busca equivalencias de significado en un traductor on-line para comunicarse conmigo. No deja de ser curioso que una persona que no sabe el idioma sea casi la única que lee los carteles explicativos. El resto de la gente no suele detenerse. Quizás sea el lenguaje de la arqueología el que no conocen. “Ahora hay tiempo para viajar (…) he hecho la ruta del Quijote. Los pueblos…los árboles de hojas doradas, son lo más bonito”. Dicho esto, se marcha, sujetando su tan útil traductor con ambas manos. Así son los árboles en otoño, pero ya ha pasado y queda poco para la primavera. Florecimiento. El de dos culturas originalmente tan distintas como la tudetana y la ibérica fue su disolución en la poderosa identidad y cosmología de los conquistadores romanos.


Epitafio 1
“Consagrado a los dioses Manes. A Marta Ninfa, hija de Quinto, mujer de Marco Aurelio, que vivió 45 años de edad. Sus hijos dedican este monumento a su piadosísima madre. Te ruego caminante digas: sea para ti la tierra leve”.


Desde el Paleolítico, el hombre peninsular había vivido junto a los caballos, pero es con la llegada de los romanos cuando pasa de ser un simple animal de ayuda, eminentemente práctico, a algo mucho más transcendente. Se crean lugares-santuario para estos animales, valiosos en tiempos de paz y guerra, y a los que diversas leyendas daban protagonismo como portadores de las almas de los hombres tras su muerte. En la zona dedicada a la vida romana, tras absorber ya las culturas precedentes, hay esculturas, mosaicos a las diferentes estaciones y una vitrina con objetos de trabajo; despreciados en su día por ellos, estudiados hoy por nosotros. Los romanos consideraban a las ocupaciones manuales (el duro trabajo de campo, la minería, etc.) como algo despreciable, propio de plebeyos y esclavos, mientras los caballeros se dedicaban al ejército y a la política. 




También contamos con una muestra de juegos de azar, a los que eran muy aficionados, sobre todo si hablamos de dados, que aquí se exhiben con diversas formas, tamaños, estructura y número de caras.  Percibimos también el gusto por lo colosal en la estatuaria romana, partiendo siempre del arte griego, pero con sus dimensiones aumentadas para acercarse a lo sobrenatural. En tiempos de Augusto se inicia el proceso de "monumentalización" de las ciudades hispanorromanas, colocando divinizadoras (y por tanto, entre otras cosas, gigantescas) estatuas de los emperadores en los espacios públicos.


                                                                        Epitafio 2
“Consagrado a los dioses Manes. Dasumia Procne, de 40 años, cariñosa con los suyos, aquí yace. Sea para ti la tierra leve”.

En la sala de dioses, héroes y mitos; destaca, tanto en lo que respecta a su posición dentro de la sala como por su belleza intrínseca, la estatua formidable de Mercurio, mensajero de Zeus y patrón de viajantes y comerciantes, con alas en sus pies. Seguimos nuestro recorrido con una pequeña parada por el mundo de la cerámica, de tanta importancia por su ayuda en la conservación de alimentos en sociedades antiguas. Su calidad y variedad artística llega de la unión en el arte romano de unas raíces profundas (Grecia) con influencias de todo el mundo conocido (progresiva adopción de nuevas técnicas orientales).


Epitafio 3
“Aquí yace Valerio Laurentino, de 35 años de edad, séate la tierra leve. Valeria Lychnis, su madre, levantó esta memoria.”

Es bien sabido que los romanos contaban con una cultura religiosa integradora y ecléctica, sin la severidad del cristianismo que dominaría Europa en la Edad Media: varios nombres para mismas diosas, culto a dioses foráneos como la egipcia Isis… En cada hogar romano se practicaba una religiosidad privada, familiar y totalmente libre. Se buscaban incluso divinidades para funciones muy concretas, prácticas; por ejemplo la protección. A pesar de la tolerancia aquí descrita, los cristianos fueron perseguidos porque esta nueva religión negaba la validez de cualquier otro culto y además rechazaba el del Emperador, minando así las bases mismas de la sociedad imperial.

Convivían con la religión el misticismo y la superstición, como se aprecia en la estatuilla en bronce de un genio familiar expuesta aquí. Representaban los espíritus de los antepasados, que no se habían ido del todo y protegían la casa. Otro claro ejemplo es la tablilla con hechizos y maldiciones para arrepentir a los ladrones, procedente de Itálica. Se colocaban en lugares públicos con la esperanza de que éstos, con la sola visión del maleficio escrito, devolvieran lo que en su maldad habían robado.

                                                                            Epitafio 4
Pasajero: Romulesia, de nueve años de edad, aquí descansa”.

Nunca se sabe lo que será positivo en el futuro: las terroríficas erupciones que sepultaron Herculano, Pompeya y Estabia permitieron la preservación de la ciudad bajo su manto, hasta los más ínfimos detalles. Muchos de los datos que tenemos de los romanos y su vida cotidiana proceden de allí. Un dato curioso, aunque de gran patetismo, relativo a las costumbres romanas, es que en un convite fuera del agrado general que uno se atiborrara hasta reventar, como muestra de agradecimiento al anfitrión por la comida que había ofrecido; incluso se vomitaba, para luego comenzar de nuevo. Esta costumbre estuvo muy extendida entre los romanos. 

Llevar anillo era un privilegio que distinguía a los hombres libres de los esclavos, además de su utilización como sello y firma. El anillo como elemento de identificación personal, autentificación documental y ubicación social. Y es que la romana era una sociedad profundamente jerarquizada, había esclavos y libres. No podemos hablar de meritocracia, pues el nacimiento condicionaba la vida del individuo. Si eras esclavo y alcanzabas la libertad, podías intentar acumular riquezas, pero desde luego seguías privado de derechos políticos. Los esclavos eran considerados como animales o cosas, y no se apreciaba su derecho a la vida; mientras que los patricios, clase dominante, se tenían por descendientes de los fundadores de Roma. Los núcleos familiares no se libraban de esta jerarquización casi militar, organizadas alrededor de la figura del pater familias; a la vez jefe, juez y sacerdote familiar. Tenía derecho a la vida y muerte de su esposa e hijos, pudiendo venderles como esclavos. 

Los éxitos militares fueron solidificados en el tiempo gracias a un complejo sistema legal, destinado a unificar y controlar los territorios; que posteriormente se convertiría en la base principal para el derecho europeo. Además, el mandamiento no escrito del dominio romano fue "divide et impera"; divide y vencerás. Al contrario de lo que pueda parecer en Astérix y Obélix, los galos contaban con superioridad numérica. Les derrotó su desunión. La gran vía de comunicación entonces no era el WhatsApp, sino el Mediterráneo, llamado con cariño en la época como Mare Nostrum.